Belén Ortega: «Creo que piensan que he tenido el valor de meterme en un sector muy complicado y que es digno de admiración»

8 de marzo de 2026/Patricia Prudencio Muñoz

Con motivo del Día de la Mujer, conversamos con Belén Ortega, protagonista en un día tan significativo. Ella es un referente como mujer y en el ámbito ganadero, es Ingeniera de Caminos, licenciada en Ciencias Ambientales y Farmacéutica de formación, pero decidió que su verdadero «sitio» no estaba entre cuatro paredes, sino en la libertad del campo. En esta entrevista, desgranamos el ADN de una ganadera que entiende su profesión como un destino deseado y buscado, donde la gestión moderna y la sensibilidad femenina se dan la mano para preservar un legado de tres encastes. Ahora, en el corazón de la Finca Quintana, en Aranjuez, la herencia de los Ortega late con más fuerza que nunca. Defiende con orgullo un legado que combina tradición, diversidad de encastes y una visión moderna de la gestión ganadera.

¿Cómo nace esta afición? ¿Quién te contagia este «veneno» por el toro bravo?

He nacido en una casa taurina y todo lo inició el abuelo de mi padre, por desgracia a mi abuelo no lo pude conocer. sin embargo, quiene s estuvieron muy metidos fueron mi padre y mi tío Ángel, que siguieron su legado. Su abuelo empezó con yeguas y mulas, pero luego introdujeron el ganado bravo y, desde entonces, en casa no se entiende la vida sin él. Yo siempre digo que agricultor y ganadero se nace, no se hace. Hoy en día, con lo difícil que está el sector, es casi imposible meterse en esto si no lo has «mamado» desde pequeño. Siempre hay algún soñador bohemio que llega de nuevas, pero la mayoría somos hijos de una tradición que llevamos muy dentro.

Tuviste una formación académica muy alejada del campo. ¿Cómo fue ese momento en el que decides dedicarte a la ganadería?

Estudié Ingeniería de Caminos y Ciencias Ambientales. Estuve trabajando en ello unos años, pero sentía que la oficina se me caía encima. El que se cría al aire libre no puede estar encerrado. Luego también hice Farmacia porque soy una persona muy abierta y me gusta el trato con la gente, pero al final la decisión fue voluntaria y personal, mi destino era la Finca Quintana. Hay una frase que me gusta mucho y es que la vida hay que torearla y, según el toro que te toque en cada momento, hay que saber lidiarle.

¿Cómo es la rutina en una casa donde conviven el ganado manso y el bravo?

Tenemos más ganado manso, pero el bravo es, con diferencia, el que más trabajo da. Sin embargo, se hace con un cariño indescriptible. Mi momento de paz es subirme al coche y meterme entre los animales cuando necesito ese momento de paz. Ver las vacas en primavera, con el pelo brillante y sus crías, es de una belleza difícil de expresar.

¿Qué sacrificios conlleva esta elección de vida?

Es un trabajo de 24 horas, siete días a la semana. Aquí no hay sábados, ni domingos, ni festivos. El animal no sabe de horarios; si te necesita a las dos de la tarde o a las tres de la mañana, tienes que estar ahí. Es duro, pero cuando lo vives con pasión, se siente de otra manera.

¿Es más compleja la conciliación?

Para mí es bastante sencillo, porque hago lo que quiero con mi vida y soy una mujer absolutamente libre. Mi padre siempre nos dijo que lo más importante era ser independientes económicamente y no dependiéramos nunca de nadie. En mi casa, mi madre también se ha dedicado al campo, siempre ha trabajado, por lo que estoy muy acostumbrada a que una mujer tiene que trabajar, la vida es así.

¿Cómo es la relación con el resto de compañeros ganaderos?

En cuanto a los compañeros ganaderos, solo tengo palabras de agradecimiento. Ellos siempre están dispuestos a tenderme una mano si lo necesito. En la comunidad de Madrid tenemos muy buen trato todos y, la verdad, es que en cuanto descuelgo el teléfono todos se deshacen por ayudar en lo que necesite. Estoy muy agradecida y no considero que lo hagan porque piensen que que soy más débil, al revés, creo que piensan que he tenido el valor de meterme en un sector muy complicado y que para ellos es digno de admiración lo que hago. Algo evidente es que este era mi destino, yo tenía que estar aquí. Desde muy pequeña he estado muy implicada en todo.

¿Cuál es tu visión sobre el papel de la mujer ganadera hoy en día? ¿Crees que la situación de la mujer en el mundo del toro debe mejorar?

Con respecto a cómo estaba este mundo cuando yo era pequeña creo que hay mucha gente que todavía tiene que avanzar. Sin embargo, es cierto que también ha habido un giro muy radical. Creo que las hijas de los ganaderos estamos empezando a dar la cara de verdad. Antes se casaban y se asociaba a que el marido era quien debiera llevar la gestión. Mi forma de llevar la ganadería puede ser distinta a la de mi padre a mi edad, él montaba caballo,  encerraba y lo hacía todo. Yo aporto gestión, selección y organización. No se trata de ser mejor o peor que un hombre, sino de saber complementarse. Yo sé mis limitaciones físicas, pero mi cabeza funciona muy bien para una buena selección. Por ese motivo, es muy importante saber apoyarse en los hombres, porque un buen equipo es aquel donde las carencias de uno se cubren con los puntos fuertes de otro.

¿Cómo describirías tu ganadería? ¿Cuáles dirías que son sus puntos fuertes? Sabemos que en la casa de Hermanas Ortega no se apuesta por una sola carta. Su ganadería es un crisol de comportamientos y morfologías.

Nosotros tenemos dos hierro y tres encastes, por lo que te podía decir que nos caracterizamos por la diversidad. Es cierto que se lleva todo por separado, cada encaste en puro, por su lado. Tenemos una punta de vacas de coquilla que embiste a cámara lenta y que es la joya de la corona de la casa. También tenemos dos lotes de vacas, uno de Domecq por la línea de Daniel Ruiz, con el que hemos conseguido lo que buscamos, porque aquí nos gusta mucho que el animal proporcione esa emoción que despierte al público. Hemos conseguido que se mueva mucho, porque antes era más tranquilo.

De hecho los tres novillos que llevamos a kilómetros 0 eran por la línea de Daniel Ruiz y en ellos vimos lo que buscábamos, que es esa emoción. A nosotros nos gustan mucho las faenas como las que hacía César Rincón, en las que citaba al toro de lejos y nos gustaría conseguir eso en nuestros animales.

En cuanto a los de Aldeanueva, se trata de un animal completamente distinto. Lo de Coquilla es muy recogido, lo de Daniel también sale muy chiquitito y con las caritas bonitas. Sin embargo lo de Aldeanueva es un toro mucho más grande, con mucha cara y que le cuesta un poquito más rellenarse porque tiene mucha más caja, pero que embisten muy bien. Hasta este momento para nosotros lo de Aldeanueva era quizá una puesta segura, porque los novillos siempre han embestido, pero ahora parece que lo de Daniel Ruiz ha entrado a competir con la movilidad que parece que los sementales nuevos están aportando.

¿Qué previsiones tenéis para este 2026?

Venimos de lidiar en Kilómetro 0 y la idea es intentar lidiar todo lo que podamos a principio de Temporada. Nosotros lidiamos añojos y erales y en estos circuitos todo se mueve mucho más lento. Te llaman un mes antes del festejo o dos meses antes. Además, todos los que nos conocen saben que nosotros tenemos los animales siempre bien puestos.

Somos la base del sector, si no hubiera ganaderos que nos dedicáramos como yo a las novilladas sin picadores y la becerradas no tendríamos nada, porque nosotros somos el pilar. Sin becerristas no hay novillos sin picadores, sin novilleros sin picadores no hay novilleros con picadores y sin novilleros con picadores no hay  matadores de toros.

La importancia y responsabilidad de comunicar para darle visibilidad

A veces pecamos de quedarnos en un segundo plano, pero la labor comunicativa es vital. El aficionado necesita entender qué hay detrás de cada encaste. En nuestra casa, por ejemplo, los tentaderos son distintos según el animal; tenemos que «resetear» la mente para pedirle a cada vaca lo que su encaste requiere. Es un trabajo que queremos mostrar más, nuestra labor es muy interesante para el aficionado. Cada ganadería es distinta a la anterior, cada ganadero hace las cosas de una manera, incluso las más básicas.

¿Qué mensaje lanzarías a la mujer que quisiera seguir tus pasos?

Aquí se trabajan 24 horas los siete días a la semana. No hay descansos, pero es precioso y si quieren hacerlo, que lo hagan. Sin embargo, deben asimilar que aquí no hay mañanas, no hay tardes, no hay noches y no hay fines de semana. En una ganadería no hay un regla exacta, es imprevisible.

Creo que hay que valorarlo más y darle más visibilidad a la realidad del campo bravo. Todavía hay gente que sigue hablando de ganaderías de primera y ganaderías de segunda. Sin embargo, para mí, la definición de lo que es un ganadero de primera es aquel que es capaz de comer de su ganadería, que es capaz de vivir del campo.

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