Esas espadas traidoras…

25 de abril de 2026/Palco de Feria por: Adiel Armando Bolio

Amigos y amigas de la Fiesta Brava, mucho gusto en saludarlos. Se reanudó la parte taurina de la CXCVIII Feria Internacional de San Marcos 2026 de Aguascalientes, este viernes 24 de abril, día en el que la emblemática plaza de toros “San Marcos” cumplió 130 años de historia, mientras que, en el coso Monumental, habiendo registrado tres cuartos de entrada en el sector numerado y media en la zona general, en tarde calurosa y de cielo despejado, se dio la tercera corrida del serial mayor, mismo en el que, únicamente, se cortó una oreja, cuando de acuerdo a los buenos trasteos que realizaron tanto el local Leo Valadez como el queretano Diego San Román, debieron haber salido de la plaza en hombros, con tres orejas cada uno en sus respectivas espuertas, pero, ¡ay! esas espadas, esas espadas traidoras, no permitieron los triunfos fuertes de tales diestros, mientras que, el otro alternante, el joven salmantino Marco Pérez, a pesar de su evidente esfuerzo, no pudo hacer con el lote imposible que le tocó en suerte.

Cabe señalar que se lidiaron seis ejemplares bien armados de la dehesa de Begoña, del que destacó el lidiado en cuarto lugar, llamado “Vida Mía”, al que se le dio arrastre lento. Hubo otros dos ejemplares de buen juego, como el primero, pero, de poca fuerza y, el quinto. Regular y débil resultó el segundo en tanto que el tercero fue agarrado al piso y, el sexto, evidenció mansedumbre.

Determinación y torería demostró Leo por ambos pitones en su primero, cubriendo los tres tercios, pero, no acertó a la hora buena y tuvo que conformarse con la salida al tercio cuando debió haber obtenido una oreja. Más asentado salió a su segundo, al cuajar una faena completa y lucida tanto con capote como en banderillas y con la sarga, avío con el que hizo el toreo templado y de buen trazo, además, de mostrar aguante. Cuando tenía aseguradas las orejas, vino un pinchazo y la estocada para hacerse de una oreja cuando debió haber cortado las dos.

Diego San Román es un diestro que se habla de “Tú” con el valor y un ejemplo de ello fue lo que le hizo al primer burel de su lote, al que le fue sacando los pases uno a uno para, después, acortar distancia y hacer alarde de aguante, jugándose la existencia, metido entre los pitones, principalmente, por el derecho y ligando muletazos en un palmo de terreno. No acertó al matar y todo quedó en una salida al tercio cuando debió cortar un apéndice. Y, a su segundo, le cuajó otro tipo de trasteo, pues, en este supo combinar el toreo artístico, de mucha dimensión y largueza, con el pinturero y el de valor. Volvió a ligar lances en redondo y sin enmendar el terreno y cuando había que asegurar el triunfo, se le hizo de “hueso” el toro y, simplemente fue aplaudido cuando debió ganar las orejas.

Y el ibérico Marco Pérez, con un toro como su primero, aplomado, agarrado al piso, lo intentó de verdad, pero, sin fortuna. Y, con el otro, un manso de solemnidad, aunque le puso voluntad, todo fue en vano. Aún así, la gente le reconoció el esfuerzo con aplausos de aliento.

FERNANDO OCHOA PRESENTA SU LIBRO

Horas antes del tercer festejo del serial mayor en el marco de la afamada verbena sanmarqueña, a un costado del coso Monumental, en el jardín de los naranjos, en el restaurante Mundo Taurino, poco después del mediodía, el matador de toros michoacano retirado Fernando Ochoa, acompañado de su padre, don Guillermo Adolfo y su señora madre, doña Lidia, así como por su esposa Amira y, el colega Juan Antonio de Labra, presentó su libro llamado “Mi sentir en los toros: Lo que se esconde”, una obra que revela la esencia, la pasión y la verdad detrás del Arte del Toreo.

Es una obra tamaño carta, que consta de 293 páginas, de un prólogo a manera de letra musical en un pasodoble en honor a Fernando Ochoa, obra de la inspiración del diestro retirado y popular cantante José María “Napoleón” y palabras del autor.

Tanto, De Labra, como don Guillermo Adolfo y el propio Fernando, de manera emotiva y conjunta señalaron de manera general que el libro habla de toda la vida del torero, del hombre y del ser humano, con sus fortalezas y debilidades, de sus tardes de triunfo, de fracasos, dentro y fuera del ruedo, de la “guerra” que tuvo que librar con sus demonios, mismos a los que, al final de cuentas los logró vencer gracias al cariño que le tiene a sus padres y ellos mismo a él.

Es entonces, todo un recuento de experiencias y vivencias que lo llevaron, previo acuerdo con su padre, para, tras la recolección de recortes de periódicos y videos, de poner todo en orden y en su justo momento durante año y medio de trabajo, lo que arrojó esta más que interesante y aleccionadora relatoría de sucesos que hablan de la madurez de un torero como Fernando Ochoa, a quien le recuerdo que “Cuando la Inteligencia Humana y la Irracional Belleza Animal se Conjugan en la Arena ¡Surge el Toreo! Arte y Bravura en Escena”.

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