24 de julio de 2026/Ismael del Padro/Foto: Lances del Futuro
En una Feria de Santiago rica en contenido, pero estéril de triunfos sonoros en los festejos mayores, tuvo que llegar Andrés Roca Rey para señalarse la manga del brazo y mostrar los galones. Por algo lleva la exigencia de la púrpura, por algo gobierna en taquilla y por algo es la máxima figura del toreo en este momento -todas ellas al alimón con el genio de La Puebla-. Después de un buen puñado de faenas y nombres notables, el peruano se llevó el sobresaliente en la quinta corrida de toros del ciclo -séptima del abono montañés-. La primera Puerta Grande entre los matadores de toros, en su esportón, para ese paraíso imborrable de la memoria. Llegó, toreó y triunfó. Una faena poderosa, todo mando, en la que aprovechó las cualidades de «Ermitaño«, con clase, codicia y duración, pero, sobre todo, una profundidad excelsa. Lo cuajó de principio a fin y paseó las dos orejas. Sin discusión. Fue el potente halo de bravura en una corrida de Juan Manuel Criado tan desigual como descastada. Toros sin presencia para una plaza de segunda como Santander y que, encima, luego tampoco llevaban la casta en sus venas. Varios, además, blandearon, incluso algunos -el devuelto sexto más evidente- parecieron descoordinados. Aunque siempre quedará la duda de cuánto les influyo el estado del ruedo. Suelto y sin compactar. Parecía los arenales del Sardinero en algunas zonas.
Tomás Bastos vivió su gran día. Portugal ya tiene nuevo torero. Y la verdad es que tiene destellos que ilusionan. Bastante. Sabe torear despacio el luso. No tuvo la mejor materia prima en su toro del doctorado, al límite de demasiadas cosas y tomando las de Villadiego más pronto que tarde, pero dejó una faena asentada. Valiente y bullidor con el percal, más ilusionante fue su dimensión en el sexto, otro toro medido, pero que al menos sacó fondo de nobleza, a pesar de su limitada pujanza. Muy centrado, trató de hacer siempre las cosas bien y, sobre todo con la zocata, esculpió naturales de trazo largo y templado. Los cambios de mano, todo relajo y lentitud. Pese al pinchazo inicial, paseó su trofeo. Completó la terna Pablo Aguado, que rezumó torería toda la tarde, pese a irse de vacío. Dos trasteos preciosistas y henchidos en remates y adornos de orfebre. Lo mejor, el final de faena al quinto. Aroma a Guadalquivir tanto en los naturales echándole el cartucho de pescado de Pepe Luis como en el añejo toreo a dos manos rodilla en tierra.
Así hemos narrado la corrida toro a toro:
Faena asentada de Tomás Bastos, ovacionado en un toro de la alternativa muy medido y que se rajó enseguida
Abrió plaza un negro listón, algo cuestarriba, suelto de carnes, zancudito, que abría la cara. Con un farol de rodillas lo recibió Tomás Bastos para luego torearlo a la verónica, a pesar de que el animal ya mostró que se vencía en el viaje. Muy medido de fuerza, apenas se le señaló el castigo, a pesar de lo que siguió blandeando. Pasó, pese a todo el corte, se acostaba cada vez más en su embestida. Echó la cara arriba y cortó en banderillas. Tras la ceremonia de alternativa, el toricantano comenzó el trasteo con un cambiado por la espalda en la boca de riego para después torearlo en redondo ligado y con mando. De cartel, el del desdén, cosido al de pecho. Con la lengua fuera ya en la segunda tanda, el burel, además, echó una mirada en la tanda posterior, presagio de lo que sucedería a continuación. Rajado, buscó las tablas junto a los terrenos del “2”. Allí, tuvo que plantear el resto de su labor Bastos, que le buscó las vueltas y logró extraer algunos muletazos de entidad, pese a que la res tan sólo pasaba, sin entrega alguna. Las bernadinas postreras, cambiando el pitón en todas ellas, calentaron aún más el termómetro -que no la tarde, abrasadora por sí sola- de la faena. Lo mató de una estocada caída, que necesitó de un golpe de cruceta. Aparecieron los pañuelos y se pidió el trofeo al portugués, pero el palco mantuvo el listón de toda la feria y no la concedió. Saludó desde el tercio.
Roca Rey cuaja y desoreja a un codicioso “Ermitaño” de Juan Manuel Criado
No tenía trapío para Santander el bajo segundo, lavado de cara y terciado, sin expresión en su acucharada cuerna, a pesar de enseñar las puntas. Roca Rey se lució por chicuelinas en los medios en el recibo rubricado con dos revoleras. Volvió a hacerlo aún más en un ceñídisimo quite por gaoneras, a pies juntos, con las zapatillas atornilladas a la arena. Lo remató con hasta tres brionesas. Una de ellas, impactante, por la espalda. Muy jaleado todo. Marcó sus querencias en banderillas. Largo fue el prólogo de la faena. De nuevo en la boca de riego. Por estatuarios. Impávido. Otra vez sin menear las plantas, fijas, sin moverse un milímetro, mientras repetía el astado con codicia. Le cosió el molinete invertido y dos naturales antes del pase del desprecio y uno de pecho. Santander, entregada, después una sola tanda. Luego, exprimió al toro, que tuvo calidad, prontitud y mucha nobleza, pero sobre todo un recorrido inmenso, tanto por el derecho como al natural. Destacó una ramillete de estos últimos, muy templados. Le bajó mucho la mano, aunque a mitad de las series posteriores, le aliviaba al final del muletazo, vaciando a media altura la embestida. Duró, por ello, más el de Juan Manuel Criado, que tuvo fondo, y el peruano lo cuajó de Alfa a Omega. Muy jaleada fue una tanda al natural, sin la ayuda, en la que le ligó -pasándose la franela de izquierda a derecha y viceversa- hasta cuatro circulares invertidos sin mover un solo pie. Patas arriba Cuatro Caminos, que contuvo la respiración en las bernadinas del epílogo. Apretadisimas. Hundió el acero entero y las dos orejas fueron a sus manos.
Faena torera, pero a menos, de Pablo Aguado, con un tercero deslucido como loco por rajarse
El tercero fue un astado acapachado y con cuña, pero estrecho de sienes, de mazorca gruesa. Corto de manos, más lleno, pero también sin trapío para Santander, pudo estirarse a la verónica Pablo Aguado en el recibo. Fue un toro que hizo siempre hilo en los primeros tercios. Se dejó pegar en el jaco y, tras el garboso quite por chicuelinas de mano baja del sevillano, hubo que llegarle en banderillas. Gazapón, le costaba irse de los engaños. Pese a ello, Aguado planteó la faena en las dos rayas. Siempre en paralelo a tablas, logró muletazos sueltos de buen trazo. Preciosos los remates. Trincheras, kikirikís, molinetes invertidos. Todo sevillanía. Fue lo más logrado antes de que el toro, que estaba como loco por buscar excusas para no embestir, empezara a buscar las tablas cada vez con más descaro. Pasado de faena, fue costoso, por ello, montar la espada. Sin embargo, dejó una estocada corta algo desprendida, que tuvo raudo efecto.
Roca Rey pierde con el descabello la oreja del manso cuarto, que embistió a arreones y reponiendo
El cuarto, bizco del izquierdo, fue un ejemplar con algo más de presencia, aunque fuera por las dos puntas mirando al torero. También con más pecho y caja. Mas bastote. Tras el recibo de Roca Rey, manseó mucho en el primer tercio, hasta el punto de tomar su puyazo en el picador que guardaba la puerta. Huidizo y a su aire, el peruano quiso comenzar en el tercio su quehacer, pero, sin embargo, el toro buscó el abrigo de las tablas cercanas a toriles. Pese a ello, a base de mando y toques fuertes, logró robarle las series. Le tuvo que consentir mucho, porque el toro, cuando no trataba de salir suelto, tomaba la pañosa a arreones y, encima, reponiendo mucho. Le perdió pasos el peruano para pulir este defecto, cada vez más acentuado. Sujetarlo ya tuvo su mérito. Trasteo poderoso, con Roca Rey por encima de las dificultades del astado, muy informal en sus embestidas. La estocada, contraria, necesitó de dos golpes de cruceta. Por ello, la opción de la tercera oreja en su tarde se desvaneció.
Detalles y adornos caros de Pablo Aguado con un quinto deslucido y sin celo
Basto y con mucha alzada, el quinto fue un toro sin terminar de llenar. zancudo. Acapachado y cornidelantero. Lo saludó con chicuelinas de mano baja Pablo Aguado. Repitió el de Juan Manuel Criado. Empujó con un pitón el astado en el caballo. El sevillano comenzó después el trasteo apoyado en las tablas y el toro sevillano golpeó contra ellas con violencia. Aturdido inicialmente, no le afectó después. Aguado lo toreó con gusto y armonía, pero al burel le costaba lo suyo. Media embestida. El toreo fundamental, tuvo menos enjundia, porque tampoco lo auspiciaba el animal, sin celo. Precioso el final a izquierdas, de uno en uno, echándole la muleta, el cartucho de pescado de Pepe Luis, para coserle el natural. También hubo cuatro ayudados por alto rodilla en tierra, que tuvieron aroma añejo. El trofeo estaba en el aire, pero lo pinchó antes de una estocada algo trasera. Recogió desde el tercio una fuerte ovación.
Buena dimensión de un asentado Tomás Bastos, que cierra su alternativa con la oreja del medido sexto
El castaño sexto mostró con mayor claridad algo que pareció atisbarse en alguno de los anteriores: una descoordinación muy evidente. No podía con los cuartos traseros. Por ello, y pese a mostrarlo ya de salida, fue devuelto en varas. Salió en su lugar un sobrero del mismo hierro, con más presencia que varios de los titulares. Lleno, ensillado, engatillado, aunque, eso sí, igual de justo de fuerzas. Tomás Bastos lo recibió con personalidad y cadencia por verónicas de rodilla genuflexa. No fueron sencillas, porque el bis salió arreando y apretó de lo lindo para dentro. La ya cantada endeblez vino de cara en el comienzo del quite por saltilleras. Porque el astado perdió las manos en el último segundo y Bastos se libró de ser arrollado milagrosamente. Lances angostos que abrochó toreando templado a una mano por brionesas. Pese a ese medido motor, y a que sangró bastante, el toro sacó fondo y el nuevo matador de toros luso estuvo francamente bien con él. Centrado, firme, con aplomo, muy hundidos los talones en la irregular -cada festejo más suelta y peor- arena de Cuatro Caminos. Se esmeró en componer con clasicismo y pureza. Hubo muletazos de trazo largo y limpio, especialmente con la izquierda. Y un par de cambios de mano que detuvieron el tiempo. Entregado, el portugués finalizó cómodo en las cercanías. Lo cercenó de una estocada al segundo intento, pero empujó el tendido para recompensar su asentada entrega. Fruto de ello, cayó el trofeo para cerrar con premio su gran día.
FICHA DEL FESTEJO
Plaza de toros de Cuatro Caminos, Santander. Corrida de toros. Penúltima de la Feria de Santiago 2026. No hay billetes.
Toros de Juan Manuel Criado, el 6º, sobrero del mismo hierro tras ser devuelto el titular por su descoordinación; muy desiguales de presentación, varios de ellos, sin trapío ni presencia para Santander. El 1º, justo de fuerza, se rajó en la segunda tanda; el 2º, pronto y con fijeza, encastado, tuvo codicia y clase en los engaños; el 3º, deslucido y remolón, miró varias veces a las tablas hasta acabar rajándose; el 4º, manso de libro, informal en sus embestidas, a arreones, en ocasiones, y siempre reponiendo; el 5º, sin raza ni celo, muy deslucido y complejo para ligar; y el 6º, medido de fuerza, con el poder justo, pero al menos, tuvo cierto fondo de nobleza.
Roca Rey, de berenjena y oro; dos orejas y silencio tras aviso.
Pablo Aguado, de corinto y azabache; silencio y ovación.
Tomás Bastos, que tomó la alternativa, de blanco y plata; ovación y oreja.