Gaona y su faena a “Revenido II” en El Toreo de la Condesa 

Fue un toro de regalo, de la dehesa de Zotoluca, al que hace 96 años el gran “Califa de León” le cortó las orejas y el rabo para salir en hombros

11 de enero de 2021/Adiel Armando Bolio

Un día como este lunes 11 de enero, pero de 1925, hace 96 años y a tres meses de retirarse definitivamente de los ruedos, el célebre matador de toros guanajuatense Rodolfo Gaona lograba una de sus grandes faenas en el coso Monumental “El Toreo” de la colonia Condesa, en la Ciudad de México, yendo en el cartel con el ibérico José Roger “Valencia I” y el jalisciense Joselito Flores para lidiar ejemplares de Piedras Negras, dentro de la décima cuarta corrida de la Temporada Grande Internacional 1924-1925.

Fue al toro de obsequio llamado “Revenido II” de la dehesa de Zotoluca, recordando que el otro gran trasteo al anterior astado “Revenido”, éste de Piedras Negras y, al que igualmente le “tumbó” los máximos trofeos, sucedió un año antes, el 17 de febrero de 1924, en el mismo coso capitalino, pero alternando con los españoles Juan Anlló “Nacional II” y el mismo José Roger “Valencia I”.

Así que a este zotoluqueño “Revenido II”, un séptimo astado de regalo, el incomparable “Califa de León”, según se cuenta en el libro “La Fiesta Brava en México y España”, de la autoría del historiador Heriberto Lanfranchi, indica que “Poca cosa había hecho en sus dos toros reglamentarios, pero se desquitó con el séptimo, ‘Revenido II’. Toreó magistralmente con el capote por medio de verónicas muy ceñidas y echándose el capote a la espalda para ligar cuatro gaoneras primorosas y una larga cordobesa como remate, que le salió dibujada y que le fue largamente ovacionada.

En el segundo tercio clavó soberbio par al cambio y luego tres de frente asombrosos. Ya con la muleta hizo una faena increíble, con pases de la muerte, naturales, los de pecho, ayudados, derechazos y otros pases de plena inspiración hasta convertir los tendidos de la plaza en un inmenso ‘manicomio’. Se tiró a matar con fe y hundió el acero en lo más alto del morrillo, saliendo limpiamente de la suerte por el costillar y cuando el puntillero atronó al noble burel todo el mundo pidió que le cortaran las orejas y el rabo para entregárselos al espada. ‘El delirio’ era colectivo y Gaona salió de la plaza en hombros de sus fervientes partidarios”.

Así recordamos entonces esta efeméride que quedó inscrita en las páginas doradas de la historia del toreo nacional.

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