Sevilla cambia de tono sin variar lo fundamental: el nuevo ‘Modelo Garzón’

13 de enero de 2026/Marco Antonio Hierro

Esta mañana no ha sido una más en el ecosistema taurino. Ha sido, sin exagerar, el primer día del nuevo tiempo de La Maestranza. No porque haya habido toros —eso vendrá después— sino porque se ha empezado a dibujar con nitidez qué Sevilla quiere ser y, sobre todo, qué deja de ser. El matiz es importante, porque las líneas maestras anunciadas por el nuevo y flamante empresario, al frente de Lances de Futuro, varían sin cambiar; es un suave giro, nunca un volantazo, porque nada profundo se edifica con brusquedades ni violencias.

La adjudicación de la plaza a Lances de Futuro, con José María Garzón al frente, no es solo un relevo empresarial. Es un cambio de paradigma que rompe con décadas de una forma de entender la gestión sevillana, encarnada hasta ahora por Pagés y, en lo personal, por Ramón Valencia. Serán pocos los cambios en lo estructural, pero sí se verán muchos en lo sustancial, como puede ser, por ejemplo, que la gestión de la plaza comience a mirar por el abonado. Inaudito, ¿verdad…?

Del cortijo al escaparate

Durante años, el modelo Pagés se sostuvo sobre tres pilares inamovibles: continuidad, control absoluto del relato y una relación casi patrimonial con la plaza. La Plaza de Toros de la Maestranza funcionaba como un ente cerrado, impermeable al exterior, donde los tiempos los marcaba la empresa y el aficionado se adaptaba… o pasaba por taquilla sin demasiadas preguntas. Era un sistema eficaz, sí, pero agotado. Poco permeable a los cambios sociales, a la nueva comunicación, al debate público y, sobre todo, a la idea de que Sevilla no puede vivir eternamente de la inercia y del “aquí siempre se ha hecho así”.

Lo de esta mañana confirma que eso se ha terminado. Y así debe ser, porque si no, seguiríamos viajando en aquel SEAT 600 que ni se rompía ni se hacía viejo. Era un gran coche, claro, para los tiempos en que fue concebido. Hoy demandamos comodidad, bajo consumo, espacio, velocidad, ruido escaso y estética futurista. Y eso, por muy bueno que fuera el mentado 600, no lo tenía. No existía, vaya. Pero si hoy gozamos de coches evolucionados hasta el punto de parecer naves espaciales de aquéllos otros tiempos es porque alguien comprendió que había que variar discurso y objetivos. Eso es, por lo pronto, lo que escuchamos esta mañana.

El modelo Garzón: visibilidad, relato y gestión activa

Lo que empieza ahora con Lances de Futuro es otra cosa. No mejor ni peor por definición, pero radicalmente distinta. Garzón no concibe una plaza como un cortijo, sino como un escaparate. No entiende la empresa como una caja negra, sino como un agente activo en la conversación pública. Y no ve al aficionado como un sujeto pasivo, sino como un cliente al que hay que seducir, explicar y convencer. La información conocida hoy apunta a un modelo con varias claves claras:

Mayor exposición mediática y transparencia: Sevilla entra en el circuito de plazas donde la empresa habla, explica y se moja.

Planificación a medio plazo, no solo temporada a temporada.

Apertura a nuevos públicos, sin renunciar al núcleo duro.

Gestión empresarial moderna, homologable a lo que ya se aplica en Málaga, Córdoba o Santander.

 

Frente al modelo Pagés, basado en el peso de la historia y en el silencio como escudo, el modelo Garzón apuesta por la narrativa, por el impacto y por una presencia constante.

Sevilla, el gran examen

Ahora bien, el reto es mayúsculo. Porque Sevilla no es una plaza más. Aquí no basta con gestionar bien: hay que entender la liturgia, respetar los códigos y saber que cada decisión se amplifica por diez. Garzón llega con el crédito de su trayectoria, pero también con una responsabilidad enorme: demostrar que la modernización no está reñida con la identidad, y que abrir ventanas no implica derribar muros.

Ramón Valencia deja un legado discutible, pero indiscutible en una cosa: mantuvo la plaza viva durante décadas. El nuevo tiempo deberá demostrar que, además de viva, puede estar ilusionante, conectada y proyectada hacia el futuro.

Moraleja

Lo ocurrido esta mañana no es un punto final. Es un punto y aparte. Sevilla entra en una nueva etapa donde la empresa ya no podrá esconderse tras la tradición ni el silencio. Y donde cada paso será observado con lupa. La Maestranza ha cambiado de manos. Ahora falta saber si también cambia de alma.

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