24 de enero de 2026/Patricia Prudencio Muñoz/Foto: Alfredo Arévalo
La Puebla del Río en Sevilla ha inaugurado, este sábado 24 de enero, la Temporada Taurina con una de las dos novilladas programadas por las Fiestas en honor a San Sebastián. Los jóvenes novilleros Jaime de Pedro, Blas Márquez, Ignacio Garibay, Íñigo Norte, Julio Aparicio, João Fernándes y Armando Rojo se midieron a los ejemplares de las ganaderías de Juan Manuel Criado, Hermanos García Jiménez, Fermín Bohórquez, David Ribeiro Telles, Santiago Domecq, Alcurrucén y Garcigrande, en ese orden. Los animales fueron variados en comportamiento, aunque en líneas generales entraron bien a la tela, siguiendo el engaño con cierto ritmo y celo, permitiendo la expresión de los jóvenes novilleros. Destacó el quinto, un ejemplar premiado con la vuelta al ruedo, de la ganadería de Santiago Domecq. Jaime de Pedro desarrollo una faena basada en el toreo al natural ante el primero, un novillo con fijeza y cierto ritmo con un buen pitón izquierdo. Blas Márquez mostró por ambos pitones al segundo de la tarde, desarrollando una labor breve, pero con matices. Ignacio Garibay se midió a un ejemplar de Fermín Bohórquez escaso de fuerza, pero con condiciones y exigente al que supo llevar con oficio y destreza, gustando y gustándose, encontrando el acople y cortándole las dos orejas. Íñigo Norte encontró un ejemplar sin demasiado lucimiento, con el que tuvo matices, pero sin poder redondear aquella compleja labor. Julio Aparicio se encontró ante el de Santiago Domecq, un gran ejemplar al que incluso le pidieron el indulto, por sus buenas condiciones y buen fondo, pudiendo cortarle las dos orejas y el rabo. Joao Fernandes se entregó ante las adversidades que le presentó el de Alcurrucén, que no le permitió redondear su labor y que después deslució con el acero. Armando Rojo encontró a un ejemplar de Garcigrande complejo y venido menos al que le robó las embestidas.
Jaime de Pedro se fue directo a la puerta de chiqueros para recibir al primero de la tarde a portagayola con una larga cambiada de rodillas. Siguió doblándose con un animal ligeramente suelto al que le logró encelar para después dejar pinceladas a la verónica mientras le ganaba terreno. A aquel saludo le siguió un lucido quite de Blas Márquez. con la correspondiente réplica de Jaime de Pedro, que culminó con una revolera invertida. Comenzó la faena genuflexo , esperándolo junto a tablas, pasándolo muy despacio. Continuó sobre el pitón derecho, citándolo en la larga distancia para después aprovechar la inercia y llevarlo ligado. Sin embargo, no tardó en mostrar en el toreo al natural a un toro con codicia, fijeza y repetición. Encontró el ritmo al que llevarlo, le bajó la mano y se lo envolvió, llegando a los tendidos. Era más incierto sobre el derecho, así que a pesar de sus intentos por mostrarlo, cambió rápidamente al pitón izquierdo, pitón por el que desarrolló el grupo de su faena. Le echaba los vuelos con suavidad, enganchando la embestida para meterla en el trazo y darle cierto gusto y profundidad al natural. Metió la mano, pero el animal tardó en doblar.
Blas Márquez saludo entre pinceladas al segundo de la tarde, un novillo al que llevó en tablas. Ignacio Garibay se fue a los medios para hacer su quite, haciéndolo con suavidad, muy firme, pasándolo por tafalleras, rematándolo con una media que se llevó a la cadera. La réplica de Blas Márquez se desarrolló por delantales. En la faena de muleta, Márquez comenzó su labor genuflexo, junto a las tablas, ganándole terreno con habilidad y rapidez. Se decidió por la mano derecha, envolviéndoselo con suavidad en una primera serie. Con variedad entre tandas, continuó pasándolo sobre el derecho, manteniéndose muy encajado, en tandas cortas y muy medidas en las que logró mantenerlo en la tela. Al natural, lo llevó con verticalidad, tratando de llevarlo en largo, aunque sin tanto acople como por el derecho, pitón que recuperó y alternó con el izquierdo, aunque teniendo que marcar el trazo con la ayuda. Le bajó la mano y se la dejó muy puesta, logrando llevarlo cosido por la derecha en una buena tanda que sirvió para culminar su faena ante un novillo fijo, que humillaba y seguía con ritmo el engaño. Deslució con el acero.
Ignacio Garibay saludó al tercero de la tarde, un novillo de Fermín Bohórquez de nombre «Pantuflo», al que recibió con unos lances templados ante la codicia, prontitud y exigencia de un ejemplar al que tuvo que darle sitio mientras le ganaba terreno. A continuación, salió al ruedo Íñigo Norte que se echó el capote a la espalda para desarrollar el quite ante un novillo justo de fuerza y que llegó a perder las manos. Comenzó su labor de muleta después de brindar al público desde el tercio. Lo recibió en la franela a pies juntos, pasándolo por alto por ambos pitones, teniendo que insistirle en el toque, aunque metiéndolo para sacarlo de tablas. Continuó sobre el pitón izquierdo, dándole tiempo y sitio, para después aprovechar la inercia de un novillo que iba largo y darle ritmo a su serie. El animal tenía condiciones, pero le faltaba fuerza, por lo que Garibay, a base de oficio midió los tiempos y la altura. Cambió al pitón derecho, aunque sin poder darle ligazón a las series por aquel ejemplar de Fermín Bohórquez que estaba justo de fuerza. Volvió a darle tiempo para mostrarlo al natural, siempre en el sitio, tirando de la embestida a media altura con soltura, suavidad y mucho gusto, tratando de alargar el trazo mientras lo pulseaba y se ajustaba a aquella embestida irregular, en la que quería más que podía. El mexicano se la dejó puesta en la cara y poco a poco le fue bajando la mano, con mucha delicadeza, robándole las embestidas. Incluso sobre el derecho, lo llevó al natural, encontrando el acople, en una serie milimetrada pero con ritmo en la que midió los tiempos y logró lucirse hasta rematar la tanda con un pase en redondo. Alargó su labor, toreándolo paralelo a tablas, gustando y gustándose, derrochando capacidad y mucho oficio. Culminó a pies juntos y con quietud, envolviéndoselo a la cintura para culminar con una estocada entera y en todo lo alto.
Íñigo Norte saludó con variedad y lucimiento al cuarto de la tarde, dándole sitio. En la faena de muleta encontró a un ejemplar de David Ribeiro Telles que acusó su falta de fuerza, aunque poco a poco logró meterlo en su labor. Cambió al pitón izquierdo, teniendo que insistirle en el toque para después meterlo en el engaño y llevarlo en largo sin poder lucir una embestida sosa y sin contenido. Tuvo que reordenar las embestidas para darle forma a una faena que no se le hizo cuesta arriba al joven novillero, que apostó por el pitón izquierdo, dejando algunos naturales de calidad, estando por encima de las condiciones del animal. Se quedaba a mitad de camino, por lo que decidió no alargar su faena y culminar matando con aseo.
Julio Aparicio saludó entre matices al quinto de la tarde. Se cambió el tercio y brindó al maestro Morante de la Puebla para después comenzar su labor genuflexo, encontrando un ejemplar con movilidad y repetición. Le bajó la mano y se lo envolvió a la cintura en unas tandas ligadas dotadas de mucha clase. Se abandonó con el de Santiago Domecq, que le permitió la expresión y el gusto aquel ejemplar de embestida impecable, con fondo y celo. Lo pasó por abajo en un toreo al natural en el que mantuvo la verticalidad, esperando la embestida, pasándolo muy despacio, respetando los tiempos para evitar deslucir aquella faena de calado y dimensión. El animal mostró calidad y buenas condiciones por ambos pitones en una faena larga y bien llevada, en la que hubo entrega. Culminó con unos doblones por abajo, incluso genuflexo, a los que sumó unos remates por alto. Mató con acierto.
Joao Fernandez no pudo lucirse con el de Alcurrucén. Se alcanzó la faena de muleta, iniciándola por alto, sin apenas probaturas, encontrando un ejemplar con movilidad y que respondió con prontitud al cite. Continuó Joao sobre el pitón derecho, dándole forma a la serie, aunque sin terminar de bajarle la mano, llevándolo a media altura. Le costó acoplarse con un animal que le mostró una embestida algo desordenada, a la que tuvo que marcar el trazo con la ayuda. Se entregó, pero sin alcanzar a redondear su labor, la cual se vio dificultada por las condiciones del de Alcurrucén, que cada vez se quedaba más parado. Falló con el acero, teniendo que descabellar.
Armando Rojo recibió en su capote al séptimo de la tarde, de la ganadería de Garcigrande, al que saludó con dos faroles de rodillas junto a las tablas para después estirarse con gusto y lucimiento. Comenzó su labor con la franela en los medios, con la muleta plegada, tratando de captar la atención de un novillo que tardó en tomar la tela. Lo recibió con un pase cambiado por la espalda para después envolvérselo aprovechando la inercia en aquel inicio ligado. El animal se había venido a menos y Armando Rojo tuvo que darle tiempo y sitio, dosificando la embestida, dejándosela siempre muy puesta en la cara para tirar de la embestida. Le robó cada embestida, alternando pitones para tratar de sacar provecho a lo poco que le ofrecía, encontrando mayor contenido por el pitón izquierdo. Apostó por aquella faena, entregándose e imponiéndose, culminando con algunos circulares invertidos y unos remates a la cadera. Deslució con el acero.
Ficha del festejo:
La Puebla del Río. Novillos de de las ganaderías de Juan Manuel Criado, Hermanos García Jiménez, Fermín Bohórquez, David Ribeiro Telles, Santiago Domecq, Alcurrucén y Garcigrande. Los animales fueron variados en comportamiento, aunque en líneas generales entraron bien a la tela, siguiendo el engaño con cierto ritmo y celo, permitiendo la expresión de los jóvenes novilleros. Destacó el quinto, un ejemplar premiado con la vuelta al ruedo, de la ganadería de Santiago Domecq. Jaime de Pedro, dos orejas; Blas Márquez, dos orejas; Ignacio Garibay, dos orejas; Íñigo Norte, oreja; Julio Aparicio, dos orejas y rabo; João Fernándes, palmas tras aviso; Armando Rojo, dos orejas y rabo.