Borja Jiménez: «Al que triunfa de verdad en una plaza de primera hay que abrirle paso»

4 de febrero de 2026/Marco A. Hierro/Fotos: Emilio Méndez

Borja Jiménez (1992 Espartinas, Sevilla) no se vende como un héroe de póster. Se define, más bien, como un torero que ha aprendido a esperar, a trabajar y a llegar ‘hecho’ a los principios de temporada, porque tiene claro que se la suele llevar el que primero golpea. Por eso repasa su evolución, reivindica la rivalidad como motor, explica qué le quita el sueño de verdad y pone negro sobre blanco una idea: en el toreo, el sitio se sostiene con consistencia. Y por eso también encara su 2026 con más cuajo, más madurez, más paciencia y tres conceptos muy asentados: rivalidad sin cuentos, estudio del toro y una decisión que va a permanecer de fondo en la temporada: seis toros en Madrid sin red. Ni en la plaza ni en el tendido, porque la encerrona se enmarca fuera del abono. Nadie puede acusarlo de no apostar.

Pero hay entrevistas que son una alfombra roja y otras que son un espejo. Esta va de lo segundo. Borja Jiménez no se coloca medallas: se coloca deberes. Habla de paciencia (ganada cuando toreaba poco), de inviernos fuertes y de una obsesión que lo explica casi todo: que le sirvan más toros sin traicionar la pureza. Y cuando aparece la palabra ‘rivalidad’, no se hace el despistado.

—Han cambiado muchas cosas desde aquella primera temporada (2022-2023) en que salió desde el banquillo. ¿En qué ha cambiado Borja personal y profesionalmente?

—Mi situación profesional ha cambiado mucho. Y como torero también: todo está más consolidado, con más cuajo. Mi nombre cada vez va cogiendo más fuerza.

(Aquí está la primera clave: no dice “más famoso”; dice “más cuajado”. El matiz, en ocasiones, lo es todo.)

—Esto es una carrera de largo plazo. Los pasos firmes que he querido dar cada año los he conseguido. Y este año es importante para volver a escalar otro puesto más, hasta donde quiero llegar.

—¿Tiene la sensación de que, por mucho que consiga, siempre hay que empezar de cero?

—Estoy en el camino hacia donde quiero llegar. Las cosas tienen un proceso. Todos estos años que toreé muy poco trabajé la paciencia y por eso sé esperar. Las cosas no llegan de la noche a la mañana. No me preocupa que vaya más rápido o más lento, pero sí me preocupa que todo lo que haga sea muy consolidado.

(Y esto, contado así, suena a método, a carrera, a prueba de obstáculos en la que los atajos no hacen más que perjudicar la base.)

—Pero se está ganando a públicos de todas partes… ¿no piensa a veces que a otros les cuesta menos hacer el mismo camino?

—La carrera de cada torero es un mundo. En mi caso toca hacerlo así y estoy feliz. Esa rebeldía interior me sirve para que, cuando llego a la plaza, los triunfos sean más rotundos. Y cuando me ha llegado algo, ha sido porque tenía que llegar en ese momento de mi carrera. No me preocupa que a uno le cueste más que a otro: sé cuál es mi camino.

“Llevo cuatro años en Salamanca y no he juntado ni una semana de vacaciones”

—Cuando afronta una temporada, ¿se ve rejuvenecido como torero? ¿Se siente ‘Supermán’?

—Mis inviernos suelen ser fuertes, duros, en el sentido de no parar. Desde que me vine a Salamanca, en el invierno del 22 al 23, si cuento los días de vacaciones no creo que lleguen a una semana en cuatro años. Y por eso me están viniendo las cosas así en la plaza. Cuando llegan los principios de temporada, lo normal es que llegue totalmente hecho para afrontar plazas de primera y poder triunfar. Esa es mi tranquilidad: el día a día y los inviernos tan fuertes que hago para llegar como si estuviese toreando todos los días.

—Imagine dos pantallas: en una, el Borja de 2022 toreando y en otra el Borja de 2026. ¿Qué diferencias aprecia?

—La mayor diferencia es la consistencia: todo tiene más cuajo, un porqué. He evolucionado mucho en conocer las embestidas y en saber acoplarme a muchas embestidas diferentes. Esa es la clave: que te sirvan la mayoría de los toros y a cada toro darle lo que te pide. Esa es mi obsesión, pero buscando siempre el toreo bueno: con verdad y con pureza. Cada vez me están sirviendo más toros para torearlos bien, y creo que es ahí donde está la clave del objetivo que me marco.

—¿Qué importancia tiene el vídeo en su preparación?

—Muchísima. Analizar a toreros de épocas distintas, analizar el toro… Los tentaderos también: cuando torean tus compañeros, cuando toreas tú, ir entendiendo por qué embiste de una manera u otra. Es un mundo tan grande que, si te metes, es apasionante. Y a Julián (Julián Guerra, su apoderado) eso se le da muy bien: me enseña y aprendo mucho a su lado. Todo eso lo voy haciendo mío, lo meto en mi toreo. Eso es lo que te hace evolucionar y ocupar un sitio de privilegio.

—Pero supongo que lo importante no es lograr una copia, sino apropiarse del concepto para incorporarlo a tu manera de expresar, ¿no?
—Claro. Una cosa es la imitación y otra hacer algo de otro torero desde tu personalidad. La imitación es efímera: imitas y duras poco. Lo que tienes que hacer es coger detalles de cada uno, juntarlos y hacerlo tuyo. Para eso hay que estudiar mucho el toreo, los toreros, la ganadería… tener mucha afición.

(La traducción al aficionado es clara: no es “que te salga”. Es “que te valga”. Y eso pesa.)

“Creo que no tengo valor natural: tengo el valor de la preparación”

—En el fondo, para eso hay que tener dos… ‘bemoles’.

—Hay dos tipos de valor. El valor natural, que tienen ciertos toreros —yo no me considero de esos—, y el valor de la preparación, del conocimiento. Ese es el que considero que tengo. No me considero el más valiente: me considero un torero muy preparado y, de esa preparación, sale la valentía. En la escuela de Espartinas, el maestro Espartaco padre nos lo repetía: antes de entrenar decía: “Vamos a correr, que vamos a ir a comprar valor”. Quería decir que cuanto más preparado estás, más confianza tienes; y cuanto más confianza, más valor.

—Aunque, cuanto más sabes del animal, más miedo debería darte. ¿O no?
—Sí. Cuanto más conocimiento, más miedo en las previas, porque conoces las reacciones reales. Pero delante del toro tienes más posibilidades de meterle mano por un sitio u otro. Eso te da confianza y, cuando tienes confianza, es cuando expresas de verdad: sacas tu sentimiento porque tienes el control de la embestida.

—¿Qué le quita más el sueño: el toro o el compañero?

—El toro. Los compañeros aprietan, sí, pero eso es motivación. A mí me gusta la rivalidad. Soy competitivo. Si veo a alguien por encima en cosas, lo valoro… y me motiva querer llegar a eso. Pero el miedo real es el del toro.

—Se va a medir con Tomás Rufo en Valdemorillo y Valencia. Mano a mano de esos que habría que fomentar para asegurar el futuro de la fiesta, ¿no es así?

—Claro. Cuando hay rivalidad, el público se interesa. La principal rivalidad es con uno mismo y con el toro, pero cuando se entiende que también hay rivalidad entre toreros, llama la atención. Y ahora hay muchos jóvenes capacitados para ocupar los primeros puestos, lo que crea un ‘ecosistema’ perfecto para hacer muy sólido el fondo del escalafón.

—Pero cuando se líe el capote, estará pensando: ‘Rufo, te voy a pelar…’.

—Hay una cosa clara: la amistad dentro del ruedo hay poca. Hay compañerismo y respeto, máximo. Pero cada torero va a su interés. Si un compañero está mejor y triunfa más, te quita puestos. Y son pocos los puestos que se reparten y pocos los toreros con los que cuenta el sistema para las ferias. El que más triunfa es el que más torea, y eso, cuando haces el paseíllo, lo tienes en la cabeza.

—Y en Mont-de-Marsan se encuentra con Roca Rey, lo cual no se prodiga en exceso. ¿Lo ve como una oportunidad de reivindicarse?

—Nos vemos en una plaza de primera, donde sale el toro fuerte, serio. Me motiva. Ahora mismo él es el que está mandando, y tiene el respeto y la admiración de todos: es muy difícil llegar donde ha llegado, por eso es quien es. Por eso, si quieres llegar a puestos de privilegio tienes que tener mentalidad de ganador. El maestro Espartaco me dijo una frase: él se retiró cuando empezó a disfrutar del éxito de sus compañeros. Y lleva razón: cuando ya no te importa, es cuando tienes que decidir si sigues o no.

—Si usted pudiese elegir, ¿al que despunta lo querría lejos o en todos los carteles?

—Lo dije después de salir por la Puerta Grande de Madrid y lo pienso: al que triunfa de verdad en una plaza de primera hay que abrirle paso. Tiene que estar en las ferias. Eso ha pasado siempre: cuando salía uno nuevo triunfando, lo ponían siete u ocho tardes con las figuras a ver hasta dónde aguantaba. El que se lo merece y se lo gana en la plaza, tiene que ser recompensado con estar al lado de las figuras. Pero, ojo, hay que respetar siempre las decisiones que toma el que se gana la posibilidad de tomarlas. Yo sólo puedo decirte lo que haría yo, y ni siquiera lo puedo asegurar porque aún no se me ha presentado esa opción.

Madrid: “Una decisión que marca la carrera”

—Tiene una apuesta enorme: encerrarse con seis toros en Madrid. ¿No es una apuesta arriesgada?

—Es una apuesta muy fuerte. Lo he analizado mucho y sé lo que conlleva para bien y para mal. Es una decisión que marca la carrera. Soy consciente y lo tengo claro: es el momento por muchas circunstancias, profesionales y personales. Luego Dios dirá en el ruedo. Intentaré prepararme al máximo: puede haber éxito o fracaso, pueden pasar muchas cosas en una tarde así.

—El primer éxito es llenar: es fuera de abono.

—Ahí está la primera apuesta, totalmente. Y Madrid es la plaza que me ha situado donde estoy, con las tres Puertas Grandes de estos tres años. Si tenía que jugármela en algún sitio, es en Madrid. Es una plaza en la que estoy a gusto y el público, cuando yo me he entregado de verdad, se ha entregado. Es una afición que me gusta porque cuando le muestras verdad, responde.

—¿Teme empezar la temporada frío?

—No, porque no he parado. He toreado en invierno, en Ecuador y en Manizales a principios de enero, y la preparación ha sido constante. Salgo como si no hubiera terminado la temporada anterior.

—Nos vemos en Valdemorillo.

—Nos vemos allí y echamos un rato. A ver si, según transcurre la corrida, vamos sonriendo: eso será buena señal. (CULTORO)

 

 

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