Morante se hace sagrado en un Corpus que nació torcido (Video)

4 de junio de 2026/Pablo López Rioboo

Sevilla ha vivido una tarde de gran relieve artístico en la recuperación del boato en la Corrida del Corpus; Morante de la Puebla ha vuelto a dejar su sello inconfundible para abrir la Puerta del Príncipe tras una faena de enorme poso y personalidad al cuarto de la tarde, desorejando al ejemplar de su lote en una actuación de corte profundamente sevillano. El cigarrero ha firmado una obra de aroma clásico, despaciosidad extrema y momentos de gran calado artístico que han conectado de inmediato con los tendidos de la Maestranza.

La tarde, sin embargo, ha sido de mayor amplitud de matices, con un papel muy destacado también de Pablo Aguado, especialmente con el capote, donde ha dejado pasajes de enorme empaque y pureza que han contribuido a redondear el conjunto del festejo. Ortega dejó los mejores pasajes de su tarde toreando al natural al tercero de un festejo que empezó ya torcido días antes con la presentación de una corrida muy dispar en su cuajo y sin el lujo que requería tanto la fecha como la plaza. Un sabor amargo que Morante se encargó de cambiar con dos actuaciones de un enorme poso. Triunfo que maquilló, en parte, todo aquello que había sucedido fuera del ruedo.

Morante pasea la oreja de un sobrero de Garcigrande con nobleza pero al que le costó emplearse

Tras la devolución del primero de Hermanos García Jiménez, salió en su lugar un sobrero de Garcigrande de nombre «Lancero», astado de reata ilustre. Toro largo y fino de cabos que fue protestado por un sector de la plaza. Tras varios capotazos de Fernando del Toro, donde el animal metió la cara con clase, Morante de la Puebla lo veroniqueó de forma despaciosa, durmiéndose especialmente en dos de ellas antes de cerrar con una media al ralentí. Se venció el de Garcigrande por el pitón izquierdo cuando lo llamó el subalterno sevillano, zafándose este gracias a sus buenos reflejos. Volvió a evidenciar en el tercio de banderillas ciertos problemas de visión por el ojo izquierdo, más acusados en la media distancia que en la corta. Por ayudados por alto con la rodilla genuflexa comenzó una labor en la que, acertadamente, desplazó hacia afuera al animal por ese pitón izquierdo. Se lo sacó al tercio para dejar una templada tanda en redondo a media altura, tomándola el toro con cierto ritmo. Llegaron más a los tendidos los muletazos que cinceló en una segunda tanda, donde llevó siempre empapado y toreado al de Garcigrande. Al natural también hubo muletazos de su personal concepto dentro de una serie algo más desigual debido a los problemas de visión del toro. Astado que tuvo mejor inicio que final del muletazo, de ahí que saliera con la cara a media altura en una nueva tanda por derechazos. Serie en la que Morante volvió a reducir la embestida del animal con un ramillete de muletazos toreando con todo el cuerpo. Se la dejó siempre en la cara, le dio todas las ventajas a un toro noble, pero al que le costó emplearse en el sometimiento. Lo esperó una barbaridad en la suerte suprema antes de enterrar el acero hasta los gavilanes. Los pañuelos brotaron en los tendidos y fue concedida la primera oreja de la tarde.

Ortega saluda una ovación en el segundo tras una faena a más, basada fundamentalmente en el pitón izquierdo

También se protestó desde los tendidos de sol la salida de «Veraneante», astado de Hermanos García Jiménez que pasó sin emplearse, soltando la cara al capote de Ortega. Se le midió en el caballo a un toro cogido con alfileres, con el que el sevillano únicamente pudo esbozar una media para dejarlo en suerte. Brindó al respetable una labor que comenzó sacándose al toro al tercio con muletazos de su personal concepto. Era un toro al que había que llevar a su altura, sin apretarlo. Eso fue precisamente lo que hizo Juan en una primera tanda al natural, en la que buscó imprimir suavidad a una embestida con ciertas aristas. Una labor que únicamente tuvo una tanda a derechas, con el toro quedándose más corto, aprovechando Juan el pitón izquierdo para dejar un gran cambio de mano. Poco a poco se fue acoplando al animal, que colocó bien la cara, dejando este un extraordinario pase de pecho antes de una tanda de gran templanza y cadencia. Ahí le cogió la velocidad al toro en una serie de naturales de cadencioso metraje. Se durmió el sevillano en un manojo de muletazos en los que buscó siempre imprimir suavidad al trazo, vaciando el muletazo tras la cadera antes de irse a por la espada. Una tanda que abrochó con dos cambios de mano y remates desmayados, antes de andarle toreramente por la cara y acabar abaniqueando al astado. Tras una estocada hasta las cintas, posterior a un pinchazo en lo alto, saludó una ovación desde el tercio.

Aguado deja pinceladas de su personal concepto ante un tercero al que le costó emplearse

Se fue a puerta de chiqueros Pablo Aguado para saludar a «Fanfarrón», astado este con el hierro de Olga Jiménez. Iba preparado para soltar la larga, pero al venirse algo cruzado el toro acabó dejando un farol antes de retomar la verticalidad. A pies juntos, en el tercio del tendido 9, cinceló el sevillano tres suaves verónicas antes de dejar un recibo por el mismo palo que fue pura armonía y suma verdad, pese a la embestida a media altura de un toro que no la tomó con ritmo. Tras el primer puyazo volvió a levantar la mano el sevillano para dejar nuevamente un manojo de lances a un toro que nunca se salió de los vuelos y que apretó siempre por dentro. Las personalísimas chicuelinas posteriores volvieron a evidenciar las intenciones con las que venía Aguado hoy a Sevilla. Montera en mano saludaron Iván García —tras dejar un último par de enorme exposición— y Sánchez Araujo después de un gran tercio de banderillas. Se gustó una enormidad Aguado en un inicio de faena de suprema cadencia, enormemente jaleado por los tendidos. Le faltó empuje al de Matilla; pese a ello, el sevillano condujo a media altura y con suma naturalidad a un toro con mejor inicio que final de muletazo. Al natural se la dejó siempre muerta y buscó alargar el viaje de un animal al que le costó emplearse. Volvió al toreo en redondo para dejar una tanda con mayor intención que lucimiento. Con un pase de las flores volvió a colocarse la muleta en la mano derecha. Todo lo quiso hacer despacio ante un animal que no terminó de romper. Buscó meterlo en el canasto por la vía de la suavidad y la sutileza, virtudes que estuvieron muy presentes en un final de gran personalidad y torería. No fue una labor rotunda, tampoco el animal lo permitía, pero sí una faena en la que toreó dentro y fuera de la cara del toro y en la que hubo fogonazos de su personal concepto. Tras encontrar hueso con la espada, fue ovacionado.

Habemus Puerta del Príncipe: Morante desoreja al cuarto tras una labor de su personal corte

No gustó tampoco el cuarto de la tarde a parte de los tendidos, astado al que nuevamente Morante mandó parar por parte de su lidiador antes de que este saliera suelto camino de su querencia. «Sosito» nunca se empleó, embistiendo siempre con la cara a media altura. Con la plaza algo adormecida, el cigarrero volvió a despertarla con un inicio marca de la casa, ese en el que dibujó varias trincheras de cartel. Al natural se encajó en muletazos al ralentí en los que asentó las zapatillas para torear con la cintura y las muñecas. Alargó la embestida del animal en una serie majestuosa. En redondo también dejó muletazos hondos y de despacioso metraje ante un toro con movilidad, aunque cambiante en su embestida. Tomó nuevamente la zurda para romper en dos la plaza con muletazos a cámara lenta. Hundió las zapatillas en la arena para pasarse al toro por la misma faja. Expuso José Antonio; no le importó que el toro se venciera en alguno de ellos, llevando siempre imantada la embestida de un animal exigente en sus formas y su fondo, pero agradecido al buen trato. Pero su faena, interesante por su poso y su fondo, tuvo mucho más que toreo fundamental. Dio dos pases de pecho de pitón a rabo de una enorme verdad. También dejó alguna trinchera de suma despaciosidad y varios molinetes de un aire antiguo en un trasteo que aderezó también con adornos de su propia cosecha. Tras enterrar el acero al primer intento, el toro tardó en caer, algo que no fue óbice para que le fueran concedidas las dos orejas, ganándose el cigarrero una nueva Puerta del Príncipe. Una salida en hombros multitudinaria donde muchos de los allí presentes, incluido el propio torero, se jugaron su integridad física. Morante izado por su partidarios se fue en hombros hasta el Hotel Colón en una tarde histórica por la recuperación de los festejos mayores en esta fecha, y por lo realizado por un torero que parece no tener techo.

Silenciado Ortega con el quinto de Garcigrande

De Garcigrande fue el quinto de la tarde, toro de nombre «Cotilla», al que Ortega dejó un desigual recibo a la verónica. Tras cumplimentarse los tercios de varas y banderillas, tomó la muleta el sevillano para dejar un inicio en el que el toro le regaló varias embestidas con franqueza. Este fue otro ejemplar con mejor inicio que final del muletazo, un animal que se sentía más cómodo en la media distancia, pecando Ortega de no darle el espacio que requería. Era un toro al que había que llevar siempre enganchado; de lo contrario, tendía a arrollar. No dio con la tecla el sevillano en un trasteo voluntarioso, pero que nunca llegó a tomar vuelo al no acabar de entenderse toro y torero. Esta vez sí enterró el estoque al primer intento, siendo silenciado tras su labor.

Silenciado Aguado, que porfía ante el noble pero sin fuelle sexto

Cerró la tarde «Esaborío», de García Jiménez, un toro al que Aguado dejó varias verónicas a media altura con el sello del temple ante un astado que embistió punteando, acabando por desarmar al sevillano. Se empleó más y mejor el cierraplaza en el primer puyazo, costándole algo más entregarse en la segunda vara. Tras el tercer par de banderillas, sacó Aguado a Morante para brindarle la muerte del segundo de su lote. Fundidos ambos en un abrazo, le entregó su montera un torero que comenzó su labor con paso decidido. Toreramente se sacó al animal al tercio para cincelar una primera tanda en redondo, donde anduvo muy inteligente al no apretar al astado salmantino. A media altura llevó a un toro que tomó la muleta con nobleza, circunstancia que aprovechó el diestro hispalense para hilvanar muletazos marcados por la cadencia y el juego de muñecas. Se vio enormemente centrado a un espada que acertó en terrenos y alturas ante un ejemplar al que no se le podía exigir más. Toro noble, pero falto de emoción en sus embestidas por un pitón izquierdo por el que le costó un mundo empujar por abajo. Porfió Aguado en una labor que fue de más a menos y que cerró con una estocada desprendida que acabó rápidamente con el animal.

FICHA DEL FESTEJO

Plaza de toros de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla. Corrida del Corpus. No hay billetes.

Toros de Hermanos García Jiménez, dos de Garcigrande -el primero bis y el quinto- y uno de Olga Jiménez -el tercero-, desiguales de presentación y juego.

Morante de la Puebla, de caldera e hilo blanco: oreja y dos orejas.

Juan Ortega, de berenjena y oro con los remates en negro: ovación y silencio.

Pablo Aguado, de burdeos y oro: ovación y silencio.

CUADRILLAS: Saludaron Iván García y Sánchez Araujo tras un destacado tercio de banderillas en el tercero.

 

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