13 de junio de 2026/Suertematador.com
Morante de la Puebla, Alejandro Talavante y David de Miranda hacían el paseíllo, ante un lleno de No hay billetes, este 13 de junio en la plaza de toros de Marbella por su festividad de San Bernabé. Se lidiaba un encierro de El Freixo. El festejo acabó en triunfo del ‘momentazo’ Talavante y del tremendo valor de David de Miranda, en una tarde en la que Morante paseó una oreja del cuarto, al que dejó una obra de poso y temple. Así narramos la tarde toro a toro:
Morante, ovacionado con el primero, justo de fuerzas, con el que hace un esfuerzo
La tarde la abrió “Laureado”, un toro que iba justo en todo: presencia, fuerza, recorrido y todas esas cualidades y garantías que, a priori, se espera de un astado. Lo recibió Morante de salida con una verónicas que pasaron a ser chicuelinas tras un enganchón. Y la media verónica, con el empaque del torero de la Puebla del Río. Esa que junto con los ayudados por alto, pegado a las tablas y muy cerca del animal, construyeron lo más destacado del trasteo. Luego las fuerzas del animal se fueron apagando. Lo intentó el cigarrero cambiando los terrenos y colocando en la serie con la mano derecha la muleta levemente retrasada, intentando ganar un tranco más a la embestida. Por el izquierdo se hizo más evidente. Dejó una estocada entera y levemente trasera para pasaportarlo.
Talavante deja grandes momentos a media altura ante el segundo
El segundo fue en la misma línea del primero, tanto en presencia como en fuerzas. Pero con una ventaja en este caso del toro moderno —que esto deba ser un toro ya es otro debate y nos llevaría casi de manera obligada a escribir otra crónica—: cuando se le medía la altura y distancia con los trastos el animal los seguía con cierta voluntad. Pero solo eso. Cómodo el toro del Freixo durante un trasteo que comenzó con la muleta en la mano derecha, pasándolo por alto, sosteniendo las embestidas. Antes, con el capote, lo más destacado vino en un quite por verónicas y delantales muy en el concepto del torero extremeño. En la línea del inicio fue el fondo de la faena. Muletazos a media altura, llevándolos hasta atrás de la cadera. Interpretó la banda de música de Miraflores y Gibraljaire, que puso los sones con motivo del 50 aniversario que vienen celebrando, el pasodoble “Manolete”. Dejó Talavante una estocada perpendicular que le valió la oreja.
La soberana quietud de David de Miranda cuaja al tercero, de vuelta, y lo desoreja
El tercero fue desigual de presencia al igual que los anteriores pero con algo más de fuerza y movilidad. Y transmisión que desarrolló en la muleta. Sin duda el más potable de la primera parte del festejo. Lo saludó David de Miranda con delantales. Y el quite, por gaoneras, donde la quietud y el valor, bases del concepto del torero de Huelva sobresalieron. En los mismos terrenos del quite, en la boca de riego, comenzó la faena con unos estatuarios. Aplomado el torero, pronto en las embestidas el toro. Construyó series por ambos pitones de mando y calidad cuando el muletazo era hacia atrás, vaciando la embestida. Tuvo un defecto el toro que acusó con la mano izquierda: cuando se le vaciaba en esta ocasión la embestida, abriendo la muñeca, el astado salía del lance desentendido, con la cara por arriba sin intención de repetir. Pero lo obligó en una faena que fue de menos a más. El detalle tras desarmarlo en una tanda: de Miranda, en una distancia media —aprovechando también esa prontitud—, con la muleta plegada para colocarla adelante y torearlo al natural. Terminó jugando con los terrenos, buscando las cercanías del animal. Esa cercanía que le acompaña en el concepto de torero. Hubo un conato de indulto que, por fortuna, quedó ahí. Hubiera devaluado el trasteo del onubense. Dos orejas para David de Miranda y pañuelo azul para el toro del Freixo.
Morante, una oreja del cuarto, en otra obra de esencia y poso
El cuarto fue aparentemente más serio, con aspecto de toro. Y con el del Freixo Morante hizo lo que se debe hacer en estos casos: torear. Y torear desde lo fundamental: desde las arrebatadas verónicas y media del recibo en los terrenos del toro, muy cerca de la puerta de toriles, hasta el final con la mano izquierda antes de un cierre a pies juntos, pasándolo por alto para cuadrarlo. Con el capote también dejó otras estampas: el recorte para dejar al toro en el caballo o el quite por tafalleras, acompañando y empujando las embestidas con el pecho. Rotando la cintura. Porque si con algo torear Morante es con la cintura. Primero la colocación, luego ese ir y venir en el rotar del cuerpo. Y después de todo eso las muñecas que imprimen un sello y vuelo a cada lance. Brindó al hijo del diestro Manolo González. Se lo llevó hasta el centro del ruedo toreándolo por alto, conduciendo al animal. Y de ahí a los mismos terrenos del tendido 3 y 4 donde lo recibió. El pase a pies juntos, simplemente pasándolo, y quedándose en el sitio para administrar con la diestra un muletazo en redondo que llegó a ser circular. Le exigió al toro y se notó: cada vez a menos y el torero a más. Le faltó algo de toro a Morante, pero no impidió un tramo final a la altura del resto: los largos pases de pecho; el tiempo entre natural y natural, adelantando la pierna izquierda —como Paula,sí—, para llevarlo hasta detrás de la cadera y ligarlo con el de pecho de nuevo. Erró con los aceros en un primer encuentro, no en el segundo aunque de manera defectuosa. Cortó una oreja.
Talavante, dos orejas al quinto tras una vibrante faena
Soltando una mano saludó con el capote Talavante al quinto. Y así por uno y otro pitón. Un quinto toro que se sumó al tercero en calidad y fondo. De rodillas, con pases cambiados por la espalda, inició de manera vibrante el trasteo con la muleta. Esa fue la tónica durante la faena, cantada de manera unánime en los tendidos. Efectista por momentos Talavante, clásico y fundamental en otros. Esa es la línea a la que debe volver el torero de Extremadura. Y en esa línea también fue mejor el astado del Freixo, a más siempre cuando se le obligaba y llevaba toreado. No tanto en los otros, en los que ni mostraba ni desarrollaba sus cualidades. Corriendo la mano hasta el final por ambos pitones. Dejó una buena estocada que le valió las dos orejas.
David de Miranda, otras dos orejas del sexto
A la muleta de David de Miranda llegó el sexto, entre otras cosas, tras un saludo capotero —esta vez sí— por verónicas y algún delantal. Comenzó la faena genuflexo, obligando al animal en sus embestidas. Embestidas a veces formales, con ritmo, y otras informales, protestando y queriendo alcanzar las telas. Estuvo bien ahí de Miranda, pulseando y cogiendo distancias y ritmo para que esto no sucediera. Sin duda el toro más complicado del encierro. Muy firme con el castaño del Freixo, con el que hubo mayor fondo y forma de toreo fundamental tanto en la mano izquierda como con la derecha. Y también el poso, al igual que en el tercero, de valor y seguridad que desarrolla este torero. Fue acortando las distancias, midiéndolo, y metiendo al toro en sus terrenos. De frente, con el compás un poco abierto, lo toreó al natural para así cerrar la tarde. Lo mató de una estocada algo defectuosa en colocación, pero que le valieron las dos orejas —quizá algo generosas pese a la labor— para redondear así su tarde.
FICHA DEL FESTEJO
Plaza de toros de Marbella (Málaga). Corrida de toros. Feria de San Bernabé 2026. No hay billetes.
Toros de El Freixo.
Morante de la Puebla, ovación y oreja.
Alejandro Talavante, oreja y dos orejas.
David de Miranda, dos orejas y dos orejas.