19 de agosto de 2026/Marco A. Hierro/Foto: Procuna
A las siete en punto trenzaban el paseíllo en la Malagueta el pacense Alejandro Talavante, el cacereño Emilio de Justo y el limeño Andrés Roca Rey. En los chiqueros esperaban seis astados de la vacada madrileña de D. Victoriano del Río Cortés.
Talavante dibuja verónicas y se queda sin toro antes de llegar a la muleta
El primero, un toro armónico y sin estridencias, lo tuvo que esperar mucho Talavante en el capote por su tendencia a pararse y si falta de contundencia al embestir. Aún así, le dejó tres verónicas muy suaves, preñadas de torería, igual que la media a pies juntos. Se le dio lo suyo al toro en el caballo, donde mantuvo la cara lata y no terminó de romper, pero en el quite de Talavante por verónicas, con una media de locura, demostró el pitón derecho que gastaba. Respondió De Justo con chicuelinas ralentizados que jugaron el vuelo de enganche a vaciado. Tremendo. Pero ahí se acabó la historia, porque en la muleta el toro llegó vacío, y a penas un puñado de arrancadas, bien tratadas por el extremeño, no permitieron que pasara Alejandro demostró la buena disposición. Hueco el toro. Silencio.
El segundo se queda sin bravura cuando De Justo toma la izquierda y deja sin firma la obra
El castaño que salió en segundo lugar, de hechura perfecta, humilló con clase y con cadencia en las verónicas del saludo de Emilio de Justo, de bellísima y personal fabrica, como ese remate de larga soltando vuelo, que la plaza coreó con la barriga. Sobresalió Roca Rey en el quite, citando en la distancia para dejar chicuelina para iniciar, tafalleras para recoger y una fantástica larga para rematar. Muy bello el quite. Con la muleta fue muy bello el toreo de doblones con que inició Emilio la faena, con mucho empaque y mucho sentido de la lidia, porque le dejaba un tiempo casi imperceptible antes de volver a citar que el toro agradecía mucho. Así firmó tres series de mano diestra, el pitón del toro, pero al llegar a la zurda el toro se rajó y allí se acabó la historia. Ovación a la entrega.
Roca Rey exprime al tercero bis, que se raja antes de tiempo
El tercero fue un animal negro y bajo que ya salió mermado de fuerza y algo mala dado y no soportó el poco las protestas del tendido, por lo que se fue para atrás. Los sustituyó otro del mismo hierro que nunca tuvo entrega en la tela, pero demostró cierta obediencia en un buen quite a la verónica de Talavante. El único momento, en los primeros tercios, en que no tuvo arreones de manso. Viruta se jugó la vida en dos pares de banderillas comprometidísimos, por los que tuvo que saludar. Con la muleta inició Andrés con estatuarios que fue alternando después con muletazos por delante y por detrás, porque decidió apostar por la aspereza enfundada del toro y casi le sale bien. De hecho le dejó tres tandas: una para construir una embestida que quería galopar; otra para lograr que subiera la temperatura de la faena: y una tercera, esta sí, de reventarlo con la exigencia máxima de su mano diestra. Y esa fue la que le hizo daño al animal, que terminó rajándose. Hubo petición de oreja, pero todo quedó en ovación.
La insoportable mansedumbre del cuarto genera pitos para Talavante y para él
El cuarto, con ese pitón negro desde la mazorca y esa cara de hosquedad, terminó siendo tan anti entrega como auguraba su expresión. Complicado para todo, no se empleó en el capote, ni se entrwgó en el peta ni quiso un solo muletazo cuando Talavante se quedó solo con el. Se rajó descaradamente y no hubo más que matarlo. Pitos para el toro y también-incomprensible- para el torero.
De Justo termina encontrando el camino de la suprema clase del quinto y lo desoreja
El quinto era simplemente divino. Un zapato de mano corta, caja reunida y cuello largo, con todos los atributos para embestir. Y embistió. Vaya si lo hizo. Primero en las verónicas del saludo encajado y limpio de Emilio de Justo; después, en la torerísima faena del extremeño, que se inició con un bello toreo a dos manos y tuvo su cenit en el toreo al natural que puso el colofón con la mano derecha. Antes había dado trapo con cierta celeridad en el comienzo, tal vez contagiado por ese torrente de codicia que era el toro en el principio. Poco a poco se fue templando para fomentar las virtudes del animal en el toreo largo, más despacio ya, de gran belleza al natural. Una estocada puso el punto final a la faena, antes de pasear las dos orejas.
Silenciado Roca Rey con el sexto
El sexto fue un toro más espeso al que Roca Rey desistió de torear con el capote por su movilidad desordenada de salida. Con la muleta tuvo algo de fondo en un par de series de toreo fundamental, pero a penas fue un espejismo. En seguida echó la persiana para obligar a Roca Rey a meterse entre pitones y obligar al animal a arrancarse más veces de las que tenía previstas. Lástima que no dio para más que un silencio al terminar la lidia.
FICHA DEL FESTEJO
Miércoles, 19 de agosto. Plaza de toros de La Malagueta, Málaga. Corrida de toros. Séptima de abono de la Feria de Agosto 2026. Lleno.
Toros de Victoriano del Río, muy bien hechos. Hueco el primero, con calidad solo en el capote; de buen pitón derecho hasta rajarse el manso segundo; obediente hasta que se rajó el tercero; manso de solemnidad el cuarto; de extraordinaria clase el burraco quinto; espeso y sin fondo el sexto.
Alejandro Talavante, de malva y oro: Silencio y pitos
Emilio de Justo, de marino y oro: Ovación y dos orejas
Andrés Roca Rey, de nazareno y oro: Ovación y silencio