22 de agosto de 2026/Javier Gallardo
Hubo un verano, el de 1959, en el que España siguió de plaza en plaza el pulso feroz entre Antonio Ordóñez y Luis Miguel Dominguín. Eran cuñados, figuras y antagonistas; dos maneras de entender el toreo enfrentadas en una competencia que terminó siendo mucho más que una operación concebida desde los despachos. Ambos pagaron aquel duelo con sangre —Dominguín resultó herido en Valencia y Bilbao y Ordóñez en Aranjuez y Palma— y Ernest Hemingway recorrió España siguiendo aquella rivalidad para la revista Life. De aquellas diez corridas en las que coincidieron nació después El verano peligroso y quedó para siempre en la memoria taurina aquel «verano sangriento».
Sesenta y siete años después no hay un Hemingway siguiendo la ruta ni una rivalidad pactada, pero este 2026 empieza a tener su propio verano sangriento. Morante de la Puebla y Roca Rey, las dos grandes figuras sobre las que gravita la temporada, llevan meses encontrándose en las grandes plazas, apretándose sin necesidad de proclamar competencia alguna y pagando también con el cuerpo la exigencia de mantenerse en la cumbre. Y este sábado volvieron a coincidir en una Malagueta con el «No hay billetes» colgado para cerrar una Feria de Agosto que pedía una tarde a la altura de semejante expectación.
Y ocurrió que entre los dos gigantes se coló David de Miranda. Sin pedir permiso, sin aceptar el papel de tercero y con la determinación de quien sabe que estas tardes pueden cambiar una carrera. El onubense cortó las dos orejas del tercero después de una faena de enorme firmeza y volvió a jugarse el tipo con el sexto, que terminó prendiéndolo por manoletinas. A un lado, Morante dijo el toreo y puso el cuerpo hasta ser violentamente prendido por el cuarto antes de cortarle una oreja; al otro, Roca Rey volvió a imponer su ley, paseando una oreja del segundo y las dos del quinto. Entre ambos emergió Miranda para reclamar que, cuando se habla de las tardes grandes, también hay sitio para quien está dispuesto a romper la puerta.
Quizá ahí estuvo la verdadera dimensión de esta última corrida de Málaga. Morante puso el toreo, Roca Rey el poder y David de Miranda la reivindicación. Tres toreros cogidos o a merced de los pitones en distintos momentos, tres maneras de afrontar una tarde de máxima responsabilidad y una plaza llena asistiendo a ese territorio en el que la tauromaquia deja de ser una sucesión de faenas para convertirse en competencia, riesgo y acontecimiento. Aquel verano de Ordóñez y Dominguín lo convirtió Hemingway en literatura; este nuevo verano sangriento de Morante y Roca Rey acaba de encontrar en Málaga un inesperado tercer protagonista: David de Miranda.
Morante aplica la lidia ante un deslucido primero de Torrealta
El primer toro de la corrida extraordinaria por el 150 aniversario de La Malagueta ni fue extraordinario ni un toro propio para la predisposición con la que se había programado este festejo. Un astado este de Torrealta frenado desde su salida por el toril. Había que esperarlo y aguantarle en cada envite, probando antes de topar con los engaños. Así también lo hizo en los primeros tercios hasta llegar a la muleta de Morante, que se dobló con el toro para exigirle y aplicar la lidia que era necesaria. Y todo por abajo o, si acaso, a media altura, pero nada quería por arriba, donde salía soltando la cara. Lo hizo en los pases de pecho donde puso en compromiso al de la Puebla. Todo por el pitón derecho. Una primera tanda para ordenar las embestidas, y ahí llegaron los dos primeros. Luego una tanda en redondo también por ese mismo pitón con la muleta algo retrasada, dándole un tranco más de recorrido al toro, más efectiva. Y la última, de mayor exposición con un toro venido a menos. Dejó una estocada tras la que tuvo que hacer uso del descabello.
Roca Rey somete al exigente segundo de Torrealta y pasea la primera oreja de la tarde
Vino David de Miranda a refrendar lo ocurrido en la primera de sus tardes aquí en Málaga. O esa fue la sensación desde realizó el quite en el turno correspondiente del anterior toro. Un quite algo extenso, como también fue el recibo capotero al jabonero de Cuvillo que hizo las veces de tercero de la tarde. Primero, por verónicas. Luego, por delantales. Y el quite por gaoneras: las zapatillas completamente asentadas en el albero, ajustándose en un par de ocasiones las embestidas hasta el extremo. Y el toreo a una mano con el capote por ambos pitones. De la misma forma que asentó las manoletinas en el quite lo hizo en el inicio de faena tras brindar al público. La figura esbelta, la ayuda apoyada detrás de la cadera y la muleta plegada en la izquierda para echarla adelante y enganchar la embestida del toro con el cartucho de pescado. Dejó en esa primera tanda un manojo de naturales de los que sobresalió uno de los últimos por el ritmo y el trazo. Mejor por el izquierdo, se dejó el animal en las primeras tandas en redondo con la derecha, no así en las últimas donde de Miranda fue acortando distancias ante un toro que se apagaba. Entre medias, el toreo al natural, dejando un pequeño tiempo entre muletazo y muletazo, que daba un buena aire al toro en el final de la embestida. Cerró por bernardinas y una estocada de perfecta colocación que le valieron unas dos orejas quizá algo excesivas, teniendo en cuenta la rotundidad e intensidad que debe tener un trasteo para este premio en una plaza de primera.
Morante dicta el toreo frente a un cuarto que le dio una tremenda paliza y le corta una oreja Vino David de Miranda a refrendar lo ocurrido en la primera de sus tardes aquí en Málaga. O esa fue la sensación desde realizó el quite en el turno correspondiente del anterior toro. Un quite algo extenso, como también fue el recibo capotero al jabonero de Cuvillo que hizo las veces de tercero de la tarde. Primero, por verónicas. Luego, por delantales. Y el quite por gaoneras: las zapatillas completamente asentadas en el albero, ajustándose en un par de ocasiones las embestidas hasta el extremo. Y el toreo a una mano con el capote por ambos pitones. De la misma forma que asentó las manoletinas en el quite lo hizo en el inicio de faena tras brindar al público. La figura esbelta, la ayuda apoyada detrás de la cadera y la muleta plegada en la izquierda para echarla adelante y enganchar la embestida del toro con el cartucho de pescado. Dejó en esa primera tanda un manojo de naturales de los que sobresalió uno de los últimos por el ritmo y el trazo. Mejor por el izquierdo, se dejó el animal en las primeras tandas en redondo con la derecha, no así en las últimas donde de Miranda fue acortando distancias ante un toro que se apagaba. Entre medias, el toreo al natural, dejando un pequeño tiempo entre muletazo y muletazo, que daba un buena aire al toro en el final de la embestida. Cerró por bernardinas y una estocada de perfecta colocación que le valieron unas dos orejas quizá algo excesivas, teniendo en cuenta la rotundidad e intensidad que debe tener un trasteo para este premio en una plaza de primera.
Morante dicta el toreo frente a un cuarto que le dio una tremenda paliza y le corta una oreja
Llegó Morante al cuarto de la tarde y dijo el toreo. De la forma más sencilla y natural. Despojado de cualquier tipo de tópico. Y no fue en conjunto la más perfecta, ni falta que hizo, pero tuvo más rotundidad que otras vistas en la feria de dos orejas. Y dice el cronista que no fue perfecta: no redondeó el inicio capotero —donde tuvo que pasar al toro dos veces por el pitón derecho cuando dibuja el mejor toreo a la verónica—, no hubo una serie en redondo continuada sin que el toro le permitiera ligar todos los muletazos. Pero hubo algo mejor: el toreo fundamental y, por supuesto, un valor fuera de lo común que le llevó a estar a merced del toro cuando en una de las tandas al natural lo prendió al hacerle hilo. Y casi estuvo de ocurrir lo mismo en una segunda ocasión. Pero la firmeza también estaba ahí. Y el conocimiento. Y el toreo con el capote: las chicuelinas al paso y la serpentina o el quite por verónicas —todas templadas—. Y con la muleta: desde el inicio con un ayudado por alto y luego pasándolo por ambos pitones. Vino una serie por el derecho, más en línea recta, donde el toro rompió hacia adelante. La naturalidad con la mano izquierda, con el toque imperceptible, enroscado alrededor del cuerpo. Las tandas finales también con la izquierda tras el percance, con el compás más cerrado, casi a pies juntos, y de frente, con la misma capacidad. Los pases de pecho de pitón a rabo. Y todo, como decía, con la sencillez con la que se explica en estos renglones. Cortó una oreja tras una estocada de libro. Pero fue lo de menos, queda el poso del mejor toreo.
Roca Rey impone su poder al exigente quinto de Garcigrande y corta dos orejas
Recibió Roca Rey al quinto aún con la conmoción del toreo de Morante, porque aún parecía resonar “Manolete” y su propio toreo. Y si seguimos hablando de Morante y su firmeza también hay que señalar la del peruano en este segundo de su lote. No lo puso fácil el astado, probaba con la mirada, colándose por dentro en algunos lances, sorprendiendo en otros. En todos ellos le aguantó Roca Rey y en todas las tandas hubo un momento en el que pudo quedar prendido. No tuvo las mejores condiciones el de Garcigrande, que fue parándose según avanzaba la faena. Pero lo llevó sometido y largo por ambos pitones. Primando en algunos muletazos ese toreo de poder a la calidad en el trazo. Y un par series más logradas, con mayor rotundidad. Terminó metiéndose —al igual que en el primero— entre los pitones, lo que llevó a los momentos de mayor intensidad en los tendidos. Dejó una buena estocada y paseó dos orejas.
Sonaron palmas por Huelva en los tendidos como preludio a la salida del sexto toro, el último de esta feria. Un animal serio por delante de Torrealta al que David de Miranda lo recibió con solvencia con el capote. Punteó en una ocasión y se lo arrebató, y es que fue fundamental que el toro no tocara los trastos para que las embestidas no se descompusieran en el tramo final. Se dobló con él David de Miranda en el inicio de faena para luego torear en redondo por ambos pitones. Mejor por el derecho, en el que se basó la faena, que el izquierdo, donde el animal acentuó su escasa transmisión. Viendo las pocas opciones en la cuarta tanda, ya una vez vuelto a la diestra, tiró de recursos y se montó encima del animal con su particular toreo de cercanía con los pitones. Cerró por manoletinas, cuando le prendió al rematar esa última serie. Se levantó sin aparentemente más consecuencias que el dramatismo de la cogida y volvió a la cara para repetir por el mismo palo. Erró con los aceros y cualquier posibilidad de tocar pelo en este último toro se esfumó.
El acero esfuma el premio tras otra meritoria obra de David de Miranda al sexto
FICHA DEL FESTEJO
Plaza de toros de La Malagueta, Málaga (Málaga). Corrida de toros. Feria de Agosto 2026. No hay billetes.
Toros de Torrealta -primero, segundo y sexto-, Núñez del Cuvillo -tercero- y Garcigrande -cuarto y quinto-.
Morante de la Puebla, de tabaco y oro: silencio y oreja.
Roca Rey, de celeste y oro: oreja y dos orejas.
David de Miranda, de canela y oro: dos orejas y palmas.