26 de septiembre de 2026/Patricia Prudencio Muñoz/Fotos Emilio Méndez
La Real Maestranza de Caballería de Sevilla ha celebrado su segunda corrida de toros y tercer festejo de su Feria de San Miguel en la que los diestros Emilio de Justo, Roca Rey y Pablo Aguado se midieron a los ejemplares de Jandilla Vergahermosa. Los animales se mostraron variados, con buenas condiciones, mostrando buen son en sus embestidas, permitiendo el triunfo de la terna. Emilio de Justo desarrolló una buena labor a media altura con un toro corto pero con repeticiones que le permitió ligar las tandas. Su adversario ha le había avisado, aún así le robó muletazos largos en los que se anclo al firme para envolvérselo. Duró poco el cuarto. Roca Rey trató de imponerse a un deslucido segundo de escasas opciones, llevándolo por ambos pitones, robándole tandas meritorias. Vació al quinto en su muleta, encontrando buen son en sus embestidas. Aguado cuajó ante su público una faena comedida y milimétrica en la que supo controlar los tiempos, la altura y el ritmo para calar con fuerza y cautivar ante el tercero. Cuajó su faena al sexto, un buen ejemplar con el que cautivó en una labor breve con la que supo llegar a los tendidos y leyó a la perfección las embestidas del animal
Emilio de Justo corta una oreja al primero de la tarde
Emilio de Justo saludó en su capote al primero de la tarde, un toro que le apretó en tablas y con el que trató de estirarse, pero que le avisó en un par de ocasiones, quedando incluso a merced del animal. Lo llevó al caballo y a punto estuvo de que lo volviera a prender. Se alcanzó la faena de muleta, pero antes brindó al diestro Pablo Aguado. Comenzó su labor pasándolo por ambos pitones en el tercio, con cuidado y midiendo la altura. Se decidió por el toreo al natural a media altura dándole salida para después dejársela puesta y ligar aquella primera serie. Le dio tiempo y sitio para que más allá del tercio continuara su labor al natural, pasándolo en la continuidad del uno a uno, dejándole los vuelos en la cara, envolviéndoselo aunque sin bajarle la mano. Lo movió y empezó a mostrarlo por el derecho, llevándolo muy en corto, muy puesta. No tardó en recuperar el pitón izquierdo, pero ya metido en el tercio. Mató con acierto de una única estocada
Roca Rey no esperó demasiado para saludar en su capote al segundo de la tarde, lanceándolo a la verónica, pasándolo incluso a pies juntos con gusto y torería, aunque teniendo que esperarlo en exceso. Pablo Aguado aprovechó su tercio de quites para lucirse con gusto. Comenzó su faena el peruano más allá del tercio, tocándolo en la media distancia, encontrando a un animal que obedeció a sus demandas. Sin embargo, el aire empezaba a molestar, así que paró y volvió a componer su labor. Consiguió una tanda ligada y con calado que continuó después de haberle movido y cambiado los terrenos. Tuvo que insistirlo en la cara, tocándolo con firmeza para hacerlo pasar a base de voz y gobierno. Lo intentó, se encajó de cadera y trató de aprovechar la inercia para darle continuidad a unas series a las que si fuera por el animal les faltaría ritmo. Cambió al natural, cruzándose para pasarlo alrededor de aquella silueta espigada llena de verdad y dominio. Sin embargo, no tuvo opciones con aquel ejemplar, que no transmitía. Tomó la iniciativa, aportó las distancias y trató de pasarlo. Mató con aseo y acierto.
Pablo Aguado se dispuso y se estiró con giro a la verónica mientras le ganaba terreno al tercero de la tarde. Después de un deslucido quite de Emilio de Justo, comenzó su labor de muleta genuflexo, pasándolo por ambos pitones, llevándoselo más allá del tercio. Lo mantuvo a media altura, con ritmo y ligazón, por lo que rápidamente llegó a los tendidos. Se encajó y se lo pasó a pies juntos con verdad y la torería sevillano que tanto gusta en La Maestranza. Se lo pasó a cámara lenta, con gusto y despaciosidad, midiendo muy bien los tiempos y la altura a la que pasarlo. Al natural y a pesar de que aquellos muletazos no fueron tan contundentes, el conjuntos de la serie hizo que mucho se sobresaltarán y lo ovacionaran. Había mostrado todo lo que le ofrecía el animal, así que no alargó y después de varios invertidos y adornos. Lo mató, pero el animal se fue a los medios tragándose la muerte.
Emilio de Justo saluda una ovación tras su labor al cuarto
Emilio de Justo se fue directo a la puerta de chiqueros para salir a portagayola al cuarto de la tarde. Lo hizo con una larga cambiada de rodillas para después tratar de llevarlo genuflexo para volver a meterlo en el engaño y rematarlo con torería. Después de completar los tercios de varas y banderillas, se fue a los medios para brindar al público. Comenzó su labor al hilo de las tablas, pasándolo por abajo, por ambos pitones con ritmo, sin dejarlo parar. Metido en tablas todavía trató de tirar del animal y sacarlo al tercio donde empezó a mostrarlo en una serie sobre el pitón derecho. Logró muletazos largos, aunque aislados. Fue una tanda breve , dando paso a la ligazón y la continuidad de una serie con la que llegó con fuerza y convenció. Le dio tiempo y sitio para continuar insistiendo sobre aquel pitón, bajándole la mano en series breves pero muy contundentes. Cambió al natural, pasándolo primero a media altura, lo que le hizo parar y recomponer, para anclarse al firme y envolvérselo, aunque en la continuidad del uno a uno. El animal no daba para más y terminó por cantar su querencia. Culminó a pies juntos en el tercio y una estocada certera.
Roca Rey se estiró con gusto y despaciosidad ante el quinto, encontrando expresión y calado en un buen saludo capotero. Se completó un gran tercio de banderillas, dando paso al inicio de una faena que Roca Rey comenzó después de brindar al público desde los medios. Desde aquellos mismos terrenos decidió recibirlo en la muleta, de rodillas y con un cambiado por la espalda, ciñéndoselo al extremo. Levantó al público de La Maestranza. Continuó sobre el derecho, tocando con firmeza para definirlo y llevarlo mientras se abandonaba con gusto y torería, bajándole la mano. Llevó ensimismado a un toro con fijeza y repetición que humillaba y seguir el engaño con celo y nobleza. Hubo ritmo y expresión pudiendo llevarlo en largo. Algo parecido ocurrió al natural toreando con profundidad y largura para vaciar la embestida en largo tela. Alargó y culminó metido entre pitones. Mató de una estocada entera en la que se tiró con todo.
Aguado volvió a cautivar con su saludo capotero al sexto, en el que le ganó terreno y se llevó a los medios a base de verónicas para después rematar con torería. Tras otro buen tercio de banderillas, Aguado se fue a los medios y brindó al público de La Maestranza. Siguió las tablas hasta encontrarse con su adversario al que pasó por ambos pitones mientras tiraba de él con torería y lo llevaba a los medios con una clase y torería jaleada desde el tendido. Le dio tiempo y sitio después de aquel inicio. Se anclo al firme y se abandonó para envolvérselo, culminando aquella primera serie rodilla en tierra. No tardó en mostrarlo al natural, encontrando menor recorrido y ritmo, pasándolo en el uno a uno con suavidad y despaciosidad. Le dio uno por el derecho con el que paró el tiempo. Dosificó y midió de nuevo bien las alturas y los tiempos para después volver a llevarlo por el derecho, bajándole la mano en las distancias cortas. Encontró a un sexo con codicia al que en el momento más alto de su faena decidió matarlo, mientras el público lo ovacionaba al grito de “torero” y le tocaban las palmas. Culminó a pies juntos envolviéndoselo a la cintura para después dejar una estocada sin demasiado acierto con la que tuvo que descabellar
Ficha del festejo:
Real Maestranza de Caballería de Sevilla. Toros de Jandilla-Vegahermosa para Emilio de Justo, oreja y saludos; Andrés Roca Rey, palmas y oreja; Pablo Aguado, dos orejas y oreja tras aviso.









































































