4 de enero de 2026/Rubén Darío Villafraz
La tauromaquia venezolana afronta uno de los momentos de mayor incertidumbre de las últimas décadas, justo cuando comienza el grueso del calendario taurino del país. La posible caída del régimen de Nicolás Maduro —o, al menos, un escenario de transición política tras el arresto por parte de Estados Unidos del mandatario venezolanop— ha sumido al sector en una situación de espera tensa, con consecuencias directas sobre las principales ferias del país: San Cristóbal y Mérida, pilares del entramado taurino nacional junto a Tovar, enclave histórico de la afición andina.
Venezuela ha vivido durante años instalada en una burbuja de provisionalidad, donde el día a día marcaba el pulso de la vida social, económica y cultural. Sin embargo, el momento actual va más allá de la rutina de la incertidumbre: el país amanece cada jornada sin certezas, y ese clima se traslada de lleno a la organización de los festejos taurinos.
La Feria Internacional de San Sebastián de San Cristóbal, la primera gran cita del año taurino venezolano, es por ahora la única que ha dado un paso al frente. La empresa ha anunciado carteles y ha iniciado la promoción de un ciclo previsto para los días 29, 30 y 31 de este mes, una señal de aparente normalidad en medio del caos.
No obstante, incluso en San Cristóbal el ambiente es de prudente cautela. La promoción avanza, sí, pero el contexto político y social mantiene en vilo tanto a empresarios como a profesionales, aficionados y autoridades. Nadie se atreve a garantizar que las condiciones de seguridad, logística y respuesta del público se mantengan estables conforme se acerquen las fechas.
Si San Cristóbal camina con paso contenido, la Feria del Sol de Mérida permanece prácticamente detenida. Y eso es lo que más preocupa al sector. A estas alturas del calendario, lo habitual sería contar ya con los carteles oficiales del abono, pero no se ha hecho público nada más allá de algunos nombres sueltos: Emilio de Justo, Tomás Rufo, Jesús Enrique Colombo y Olga Casado, estos dos últimos anunciados como debutantes.
La empresa responsable, la misma que gestiona San Cristóbal, no ha ofrecido explicaciones ni calendario, lo que alimenta la sensación de parálisis. Mérida, tradicional termómetro de la salud taurina del país, llega con retraso a un momento clave, agravado por las circunstancias políticas recientes y por episodios anteriores que ya habían afectado a su planificación.
Un país en vilo, ferias en suspenso
El problema no se limita a las grandes ferias. Festejos menores programados para este mismo fin de semana también están bajo observación, pendientes de un contexto que puede cambiar de un día para otro. La inseguridad jurídica, la fragilidad económica, las dudas sobre movilidad, permisos y asistencia de público conforman un escenario que frena cualquier decisión firme.
A nivel empresarial, la tauromaquia se mueve hoy en Venezuela en un terreno extremadamente delicado. Si durante años el sector aprendió a sobrevivir “al día”, el escenario actual multiplica los riesgos. La posible reconfiguración del poder político abre expectativas para algunos, pero también genera temor a corto plazo. Nadie sabe qué ocurrirá en los próximos días o semanas, y esa falta de horizonte claro es letal para una actividad que necesita planificación, inversión y estabilidad.
La posible caída de Maduro —o un cambio profundo en el tablero político— podría, a medio plazo, abrir una nueva etapa para la cultura y la tauromaquia en Venezuela. Pero, a corto plazo, el efecto es el contrario: parálisis, prudencia y máxima incertidumbre.
Las ferias de San Cristóbal y Mérida, llamadas a marcar el pulso del inicio de temporada, están hoy en el aire. El reloj avanza, los días se acercan y el país sigue sin respuestas claras.