9 de enero de 2026/Javier Baquero
El tradicional Festival Benéfico de la ciudad de Manizales se llevó a cabo este viernes, con un lleno en los tendidos. Presidío el festival el desfile de la Virgen de la Macarena desde el teatro Fundadores hasta la puerta de cuadrillas de la plaza y luego, la procesión por el ruedo manizalita.
Esta edición del festival varió su tradicional cartel de seis actuantes por una terna conformada por el Maestro César Rincón, El francés Sebastián Castella y el español Juan Ortega. Otra variación fue la división del encierro en dos ganaderías, tres astados de Miguel Gutiérrez y tres de JBC, todos sin contenido. Salieron siete y ninguno sirvió. Todo se quedó en las buenas intensiones de los toreros.
El previo también fue utilizado para que el alcalde de la ciudad entregará a Cormanizales el cordón de la feria en reconocimiento por el trabajo en el desarrollo de la fiesta brava como eje de toda una feria en la capital del departamento de Caldas.
César Rincón
El regreso de César Rincón a Manizales se da luego de 17 años de haberse despedido de la capital caldense y para ello escogió echar por delante un ejemplar de Ernesto Gutiérrez, de nombre Dios te Dé, de 408 kilos, negro recién lavado. Siete Verónicas y una media muy bien dibujadas a un ejemplar tardo y distraído. Por cacerinas muy ceñidas llevó al novillo al caballo de Viloria, que puso una vara acorde para uno que mareaba y quería huir.
Brindó al empresario Juan Carlos Gómez. Armó su muleta y citó en los bajos de tendido de sombra con una distancia importante, embargo y tiro de las embestidas del que no quería, pero que se le entregó. De tercio a tercio y nuevamente citando desde muy largo. En el centro fue sumando muletazos con mucho temple.
La mano izquierda se hizo presente, muy planchado el trapo para seguir llevando prendido al negro Gutiérrez la verdad el imán estaba presente en el engaño porque el ejemplar que al inicio no quería saber nada perseguía como por órdenes superiores. Y cuando se quedaba parado a la distancia Rincón reiniciaba su dosis de temple y mandó.
Un silencio profundo, donde solo se escuchaba el soplido del novillo, con unos pocos pases grataba de igualar, incluso la parsimonia hacia parte del ritual. La espada cayó baja, muy baja. Luego un pinchazo y otro bajonazo. Mano al descabello como último recurso, recurso que también falló, recadó corto del palco y más fallos. Un segundo y un tercer aviso. Al maestro se le fue vivo.
En cuarto lugar salió otro JBC, un bonito lucero y berreando, Rincón lo saludo de capa, dejando ir y venir, sin recogerlo. El bonito pasaba y ni se enteraba. Pitos al toro y bronca generalizada. Otro manso. Al novillo lo sangraron en querencia y el pañuelo verde salió, cambio de toro por mansedumbre, craso error del palco.
Cuarto bis de Gutiérrez. Chispas. 406 kilos, expectación en el público por poder disfrutar del torero de Rincón. Con maestría tiró del ejemplar y lo llevó embebido en la tela del percal en cinco lances a la Verónica, todos coreados por el lleno del coso manizalita.
Brindó al público y por doblones inició su labor, poco a poco fue llevando al novillo al tercio y allí lo fue citando muy pasivamente a la media distancia, dejando mucho trapo en la cara para que Chispas no buscara los tableros. Fue de uno en uno, todos robados y sin hilar las tandas, no había emoción y to fue desilusión en el público. La espada y a buscar la igualada. Pinchazo y estocada. Pitos al novillo y silencio a Rincón.
Sebastián Castella
El torero de francés entró en el circuito del festival con el ejemplar Escándalo, de la ganadería de JBC, de 380 kilos, chorriado en verdugo, de número 432, hermano de camada quizás de alguno de Cali, manso y sin futuro. Nada con el capote, la pica Nº la quiso ver y en banderillas dolido.
El torero galo brindó al maestro Rincón. Y en los bajos de sombra armó su muleta, mientras el toro paseaba por los tableros del anillo. Por doblones Sebastián inició su labor, llevando perdido al incierto novillo. El temple y la media altura le quiso formular, pero el astado atropellaba el engaño.
Escándalo, aculado a tablas miraba a Castella sin querer pasar. Con la muleta en la izquierda algo más se pudo lograr, aunque sin emoción o transmisión. La técnica del torero francés se demostró en el poder llevar tras su muleta a un manso de aquellos, que otros ya hubiesen despachado. La suavidad en el trapo, el temple, los tiempos y las distancias logran ser ajustados para tapar las deficientes condiciones del JBC.
En este segundo todo se le atribuye al torero y a su técnica torera. Los mansos también su lidia y eso fue lo que vimos. Espada un poco trasera y fallos con el descabello. Aviso y más fallos. Pitos al ejemplar de JBC. Silencio al que apostó a cumplir.
En quinto lugar un negro que repitió en el capote del torero francés. Luego de la pica por chicuelinas y tamaleras en el centro del ruedo alegro a la parroquia.
Brindó al público y por estatuarios en el tercio inicio una faena que sigui por muletazos por bajo. En el centro y con el burel entregado Castella escuchó las notas del pasodoble mientras tiraba del negro Gutiérrez.
El novillo se aburrió de embestir y busco las líneas concéntricas y se lastimó sus “manos” y Castella entró a matar. Acero trasero, descalzo por dos y fin de la película. Palmas al novillo.
Juan Ortega
El tercero de la noche de la dehesa de Gutiérrez fue para Juan Ortega, Marqués de nombre, con 410 kilos, un negro que salió con alegría, al que el español saludo con verónicas a pie junto.
Brindó al público y con unos muletazos de recorte llevó al ejemplar al centro del ruedo. Los muletazos terminaban con la carita arriba, pese a que Ortega quería bajarle la mano. Marques no era una garantía para el lucimiento pero Juan trataba de hacer lo posible por poder construir una faena estética, pero era más una batalla con un mansurron. La espada fue rápido a las manos del torero. Pinchazo
Al cierre de un festival estéril de emociones Juan Ortega había apostado por un ejemplar de JBC, antes de salir ya había pitos. Salió un albahío con escasas carnes y también con querencia a las tablas.
Ortega persistió y el claro ejemplar se entregó al engaño. La espada y pinchazo