Vibrante tarde en La Petatera, a hombros Uriel Moreno “El Zapata”, y Colombo; gran nivel firma Tarik Othón que se lleva una oreja (fotos)

10 de febrero de 2026/Natalia Pescador/Fotos:Briones

La plaza de toros La Petatera, en Villa de Álvarez, Colima, fue escenario de una intensa primera corrida de los Festejos Charro-Taurinos, celebrada ante una entrada superior a los tres cuartos en una tarde cálida. El encierro de Corlomé ofreció un juego variado, destacando por calidad el cuarto ejemplar, premiado con arrastre lento. El festejo reunió a figuras de distintos estilos: el novillero español Javier Cuartero, el rejoneador Tarik Othón y los matadores Uriel Moreno “El Zapata” y Jesús Enrique Colombo, quienes protagonizaron una función rica en matices técnicos y artísticos.

Desde el inicio, Cuartero dejó clara su disposición al cuajar una faena pensada ante “Chilito”, mostrando temple y concepto pese a fallar con la espada. Más adelante, Tarik Othón firmó una de las actuaciones más completas de la tarde a caballo, destacando por su dominio de las distancias, la suavidad en las reuniones y la continuidad de sus faenas, logrando fuerte conexión con el público. Su labor evidenció madurez y conocimiento del toro, siendo uno de los nombres más destacados del festejo.

Por su parte, “El Zapata” aportó espectacularidad y oficio, brillando especialmente en banderillas y resolviendo con técnica toros de escasa transmisión para cortar trofeos. Jesús Enrique Colombo cerró el cartel con solvencia y entrega, alcanzando los momentos de mayor intensidad al construir faenas profundas y bien rematadas, coronadas con estocadas efectivas. El resultado global fue una tarde de triunfo compartido, emoción constante y variedad de estilos que mantuvo al público atento de principio a fin.

Ante “Chilito”, novillo de 470 kilos, Javier Cuartero dejó constancia de concepto y disposición desde el saludo capotero, luciendo después en un quite por chicuelinas de trazo templado. Ya con la muleta, planteó una faena pensada y medida por ambos pitones, aprovechando el recorrido del ejemplar y construyendo tandas ligadas, con especial calado por el derecho, donde toreó asentado y con buen gobierno. En la recta final fue prendido de manera aparatosa; tras reponerse, volvió a la cara con valor y determinación para rubricar su actuación. Falló con el acero y todo quedó en una ovación desde los medios.

El primer ejemplar de Corlomé que enfrentó el rejoneador Tarik Othón permitió desde el inicio medir la dimensión de su concepto. Ante “Platino”, un toro con movilidad sostenida y clara querencia a seguir la grupa del caballo, Othón planteó una lidia de temple y ligazón, hilando cada embroque sin brusquedad. Supo mantener siempre la distancia precisa: ni excesiva para perder la emoción, ni corta para comprometer la colocación del caballo. El toro acudía con franqueza, y el jinete aprovechó esa noble condición para construir una faena de continuidad, girando sobre el terreno con suavidad, marcando los tiempos y administrando la velocidad. Cada reunión se convirtió en una prolongación de la anterior, logrando que la embestida se encadenara con naturalidad, como si el conjunto caballo-toro formara una sola figura en movimiento.

Con “Divino” llegó el momento de mayor expresión técnica. El ejemplar exigía firmeza en la cara y claridad en las salidas, y allí Tarik Othón mostró su superioridad en todos los espacios del ruedo. Citó de frente, dejó llegar al toro hasta los pechos del caballo y clavó en lo alto, reuniendo con precisión milimétrica. Los pitones rozaban la montura mientras el caballo, reunido, sostenía la acometida sin perder el compás.

La obra culminó con “Espartano”. El toro, de buen tranco, permitió el lucimiento final en una faena de mayor vistosidad. Las rosas, colocadas con ajuste y ritmo, cerraron la serie entre aplausos, destacando la colocación frontal y la limpieza en las salidas. El toro mantuvo su recorrido hasta el final, y el rejoneador aprovechó esa continuidad para rematar con elegancia, dejando la sensación de dominio absoluto. Erró con el rejonazo final lo que le privó del corte de un trofeo.

Con el tercero de la tarde, Uriel Moreno “El Zapata”, que se gustó con el capote. La franca facilidad de Uriel Moreno no se pone en tela de juicio con las banderillas, logra la expectación, la espectacularidad, y ese dominio absoluto, con una sólida carrera profesional hoy día sigue siendo un deleite para el público verlo cubrir el Segundo Tercio. En este toro no fue la excepción, por el contrario, clavó tres buenos pares. Un inicio de faena muy pensado, dando la ventaja al toro, llevándolo por bajo, doblándose para enseñarle el camino. El astado fue fijo, falto de transmisión, y dejándose más por el derecho, pues por el izquierdo le costaba más. Fue una actuación bajo la técnica y madurez, consiguiendo incluso el lucimiento a pesar de que el toro comenzó a protestar e ir a menos. Estocada efectiva para cortar una oreja.

“Arquitecto”, con 480 kilos de Corlomé, fue el cuarto de la tarde y primero del lote del venezolano Jesús Enrique Colombo, que lo recibió con un saludo capotero por verónicas de buen trazo y firme asentamiento. Desde el inicio mostró el torero disposición y claridad de ideas ante un astado con transmisión.

En banderillas protagonizó un vibrante tercio al rivalizar con “El Zapata”, alternándose ambos en un momento de espectáculo y conexión con los tendidos, resuelto con exposición y ajuste, prendiendo al público por la emoción y la entrega.

Ya con la muleta, Colombo entendió pronto la condición del toro. Lo llevó templado y largo, administrando las distancias y construyendo una faena de menos a más, con especial lucimiento por el pitón izquierdo, por donde “Arquitecto” ofreció mayor calidad y recorrido. El venezolano bajó la mano, ligó los muletazos y logró tandas profundas que encontraron respuesta inmediata en los tendidos.

La obra fue creciendo en intensidad hasta alcanzar una comunión total con el público, cimentada en la limpieza de los muletazos, el mando y la continuidad. Culminó con una estocada de ejecución rotunda que hizo rodar sin puntilla al de Corlomé. Se concedieron dos orejas de peso, mientras el toro recibió el arrastre lento como reconocimiento a su entrega y calidad.

Gran tarde del rejoneador Tarik Othón en el coso de La Petatera, donde dejó patente su madurez técnica y conocimiento de los tiempos del toro. Recibió al quinto ejemplar de Corlomé auxiliado por “Joselito”, estrella contrastada de su cuadra, toreando de costado y gobernando la embestida con reunión templada, cubriendo la totalidad del anillo en un saludo largo, firme y de clara expresión clásica.

La faena continuó con “Fino”, sin pausas ni concesiones. Tarik administró con lucidez los terrenos, llevando al toro cosido al estribo y provocando embroques en espacios mínimos, siempre desde la colocación exacta y el pulso preciso. La lidia adquirió continuidad y profundidad gracias al dominio de las distancias y la limpieza en las reuniones.

Con “Monaco” elevó el tono artístico: piruetas medidas, cambios de trayectoria y reuniones  que levantaron al público. Tras ajustar la colocación, dejó un rejonazo al segundo intento, suficiente por colocación y entrega. El tendido solicitó con fuerza los dos trofeos; la negativa del palco provocó airada protesta. Finalmente se concedió una oreja, premio que quedó corto para una actuación de peso, pero otorgado a fuego y ley ante una plaza entregada.

Con el penúltimo del festejo  “El Zapata”, puso al público de pie con las banderillas, y en la faena, nada fue a menos, un soberbio comienzo de rodillas, un cambiado por la espalda que era apenas el chispazo de lo que vendría. Aunque el toro no tuvo mucha transmisión, si le permitió al torero, series con trazos de mucha suavidad. Acertó con la espada, y se llevó una oreja.

Con “Oro Negro”, el que cerró plaza, apostó el todo por el todo el venezolano Jesús Enrique Colombo, cerrando de nueva cuenta con la solvencia y lucimiento en banderillas. Ante un toro rajado, buscó con determinación y recursos, estando muy por encima, y logrando muletazos poderosos. La estocada fue fulminante y pudo cortar una oreja.

Ficha: Primera Corrida de Toros de los Festejos Charro-Taurinos en la plaza de toros “La Petatera”, de Villa de Álvarez, Colima. Más de tres cuartos de entrada, en tarde cálida. Se lidiaron siete ejemplares de Corolomé, de juego variado, destacando el cuarto de arrastre lento. El abre plaza fue un novillo para el español Javier Cuartero, que dio vuelta al ruedo tras aviso. Tarik Othón, palmas y oreja con petición de la segunda. Uriel Moreno “El Zapata”, oreja, y oreja. Jesús Enrique Colombo, dos orejas.

 

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