Guillermo Hermoso de Mendoza: el día en que un caballo unió charrería y tauromaquia (Fotos y Video)

9 de marzo de 2026/Juan Antonio Hernández/Fotos: Rodríguez

En la luminosa jornada de este 7 de marzo, la ciudad de Apizaco, en el estado mexicano de Tlaxcala, fue escenario de un hecho singular que entrelazó, como en un mismo lazo de sangre y cultura, dos de las más hondas tradiciones del mundo hispanomexicano: la charrería y la tauromaquia.

El joven rejoneador Guillermo Hermoso de Mendoza escribió una página inédita al participar formalmente en ambas disciplinas el mismo día. Al mediodía, enfundado en el traje charro, tomó parte en una charreada oficial con el equipo “El Perrón de Veracruz”, donde protagonizó una actuación memorable. En la suerte de Cala de Caballo, esa fina prueba que revela la doma, el temple y la comunión entre jinete y caballo, alcanzó 36 puntos, la calificación más alta de la competencia, arrancando aplausos que resonaron como campanas en el lienzo.

Horas después, la escena cambió de arena pero no de espíritu. Ya en la plaza de toros de la feria de Apizaco, el joven caballista volvió a ceñirse a su vocación taurina para actuar en el cartel al lado de Diego San Román y Isaac Fonseca, cerrando así una jornada que pareció tender un puente entre dos universos hermanos.

La historia de México conoce toreros que también fueron charros: Ponciano Díaz, Joselito Huerta o Mariano Ramos, entre otros. Pero jamás se había visto que un rejoneador, y menos aún uno nacido en España, cumpliera ambas suertes de manera formal en un mismo día.

La explicación quizá se encuentre en su propia vida. Llegado a México desde los tres años, Guillermo ha dividido su existencia entre dos patrias del alma, acompañando la carrera de su padre, el legendario Pablo Hermoso de Mendoza. Mitad en suelo mexicano, mitad en suelo español, su identidad se ha tejido con los hilos de ambas tradiciones.

Por eso lo ocurrido en Apizaco no fue solamente una curiosidad deportiva. Fue un gesto simbólico: un jinete que, sobre el mismo caballo de su destino, cabalgó entre el lienzo charro y la plaza de toros para recordar que estas tradiciones no son reliquias del pasado, sino latidos vivos de una historia compartida. Y en esa jornada, “Guille” Hermoso de Mendoza dejó claro que hay gestas que no se miden sólo en puntos ni en trofeos, sino en la capacidad de mantener vivas las tradiciones que galopan, orgullosas, por la historia compartida de dos pueblos hermanos.

 

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