12 de abril de 2026/Pablo López Rioboo
La Maestranza asistió a una tarde de exigencia desnuda, de responsabilidad sin red y de oportunidades jugadas a cara o cruz. Tres toreros con sitio pendiente se midieron a una corrida ingrata, de las que no regalan nada y lo discuten todo. Y en ese contexto áspero, de embestidas sin pulso y finales inciertos, emergió la verdad más cruda: la de Rafa Serna, que toreó con el alma… aun a costa de olvidarse del cuerpo.
Abrió plaza un toro que nunca debió pisar el ruedo. Se abrió con gusto de capa Álvaro Lorenzo, pero aquello pronto enseñó el cartón: genio sin maldad, desorden sin entrega. Se puso el manchego donde había que ponerse, asentado, firme, tragando lo indecible, esperando la humillación que apenas llegaba y recomponiendo cada embestida rota. Importante en la actitud, poderoso en el sitio, incluso cuando el animal lo llevó por terrenos imposibles. Las manoletinas de costado y el pase de pecho tuvieron mando y jerarquía, pero un pinchazo previo a la estocada dejó sin premio una labor que lo merecía. El cuarto, protestado y sustituido por uno de Murteira Grave, terminó por diluir cualquier opción de Lorenzo. Silencio y frustración ante un toro imposible de descifrar.
El segundo, ofensivo y cambiante, fue una lotería sin números repetidos. Ahí compareció Serna con mando desde los doblones iniciales, marcando territorio para que el toro no le comiera la partida. Tiró de raza el sevillano, encontrando trazo donde no lo había y sujetando una embestida descompuesta, de finales inciertos y peligro sordo. No se arrugó ni cuando una tarascada le rozó el sitio, ni cuando el acero le negó cualquier opción de trofeo tras un arreón violento al primer intento. Quedó su verdad sin eco: silencio injusto para una faena de mucho mérito.
El tercero fue examen de ingreso en Sevilla para Molina. Se fue a portagayola, lo saludó de rodillas y se jugó la piel en cada lance. El toro, de comportamiento traicionero, no permitió limpieza, con ese tornillazo final que descomponía todo lo anterior. Se sobrepuso Molina, firme y entregado, hasta que el animal dijo basta. Estocada efectiva, aunque contraria, y sensación de torero que quiere y se pone. Cerró plaza un sexto con presencia y dificultades, al que Molina quiso hacerle el toreo pese al viento y a la violencia del embroque. Quedó su voluntad, su empeño por llevarlo por abajo, aunque el toro y los elementos dictaran lo contrario.
Y entonces llegó el momento. El quinto. Serna, ya metido en la corrida, se fue a portagayola. Lo brindó al público y se hincó de rodillas para empezar una pelea sin concesiones. El toro no quería nada, ni trapo ni mando. Pero el sevillano sí. Se fue con la izquierda, ofreció la tela con fe y obligó a la embestida a pasar. A base de verdad, de cargar la suerte desde el inicio y de no ceder un paso, fue construyendo lo que el toro negaba. El tendido lo entendió cuando aquello dejó de ser técnica para ser emoción.
Toreó con el alma Rafa Serna, olvidado de que tenía cuerpo, entregado a una obra de pureza incómoda, de las que duelen. La estocada, hasta las cintas, puso justicia a una faena que ya había ganado el pulso al público. Una oreja de peso, de las que sostienen una carrera.
En una tarde de pocas certezas, el argumento incontestable fue la verdad. Y esa, sobre todos, la puso Rafa Serna: un torero que, cuando todo aprieta, decide quedarse solo con lo único que no engaña —el alma—, aunque el cuerpo se quede por el camino.
FICHA DEL FESTEJO
Domingo, 12 abril de 2026, Real Maestranza de Caballería de Sevilla. Tercera de abono de la Feria de Abril.
Seis toros de Fuente Ymbro, serios de estampa e imponentes, y un sobrero (cuarto bis) de Murteira Grave. Geniudo y defensivo el deslucido primero; descompuesto y geniudo el exigente segundo; queriéndose ir el rajado tercero, menos violento; devuelto el cuarto por flojo y descoordinado; con fondo al final el castaño quinto; de movilidad desclasada y descompuesta el sexto.
Álvaro Lorenzo, de verde turquesa y oro: ovación tras aviso y
Rafael Serna, de blanco y plata: silencio tras aviso y oreja.
Molina, de verde hoja seca y oro: silencio y silencio tras aviso.