5 de junio de 2026/Patricia Prudencio Muñoz/Fotos Emilio Méndez
La Plaza de Toros de Las Ventas ha celebrado la vigesimosegunda corrida de toros y el vigesimoquinto festejo de la Feria de San Isidro en el que los diestro Uceda Leal, Clemente y Pablo Aguado se midieron a los ejemplares de la ganadería de Juan Pedro Domecq y Montalvo (2º bis). Los toros se mostraron variados en comportamiento y entrega, sin decir demasiado en sus embestidas, aunque permitiendo los matices en las faenas. Uceda Leal no encontró el lucimiento ni la expresión con el primero de la tarde, al que simplemente pasó. No tuvo contenido su labor ante el cuarto, salvo algunos naturales aislados, que fueron largos y profundos. Clemente puso todo lo que tenía ante un animal escaso, sin transmisión, por lo que no le permitió redondear su labor. Encontró mayor acople por el derecho, pitón por el que desarrolló los mejores muletazos ante el quinto, sin embargo, sufrió un espeluznante percance, teniendo que ser trasladado a la enfermería. Aguado no encontró las opciones en aquel tercero de Juan Pedro Domecq. No tuvo la opción del lucimiento ante el sexto.
Uceda Leal, sin acople con el primero de la tarde
Uceda dejó pinceladas en su saludo capotero al primero de la tarde. Comenzó la faena de muleta genuflexo, en el tercio, moviéndolo y pasándolo por ambos pitones mientras le ganaba terreno. Se definió por el pitón derecho tocando y pasando, sin terminar de acoplarse ni encontrar las teclas. Le bajó la mano pero no se definía, así que cambió al pitón izquierdo, pasándolo a media altura sin lucimiento, pasándolo sin que las tandas dijeran demasiado. Falló con el acero.
Clemente, un tira y afloja ante el primer sobrero
Clemente saludó al segundo de la tarde, un toro protestado de salida. Tantas fueron las protestas que el presidente otorgó y sacó el pañuelo verde, por lo que fue devuelto y en su lugar salió el primer sobrero, un toro de Montalvo al que llevó y bregó. Se alcanzó la faena de muleta y la inició genuflexo, pasándolo por abajo, tocando y llevando, buscando la altura para evitar que perdiera las manos o le soltara la cara. Se definió por el derecho, tocando y deslizando con suavidad ante un toro que no terminaba de transmitir. El de Montalvo era bronco pasaba por la tela soltaba la cara en su salida. Logró limpiar el muletazo en una tanda de mano baja sobre el derecho, envolviéndoselo. Sin embargo, no dudó en mostrarlo al natural, mostrándose incierto, viniéndose recto, aunque poco a poco logró llevarlo. Volvió a montar la muleta y sobre el derecho desarrolló una nueva tanda que no alcanzó a redondear. Mató con acierto.
Aguado alarga una faena sin contenido y desluce con el acero
Aguado saludó con algunos detalles al tercero, encontrando la expresión en el quite. Inició su labor de muleta a pies juntos para después definirse por el derecho, tocándolo a base de voz y firmeza para hacerlo pasar. No hubo expresión en aquellos primeros compases ante el tercero un toro de teclas y que no fue sencillo. Cambió al toreo al natural, pasándolo por alto, marcando el trazo con la ayuda. Después de un delicado tira y afloja, de mostrarlo por ambos pitones, decidió darle una nueva serie por el derecho en la que los buscó a pitón contrario, sacándolo por alto sin evitar que le punteara la tela. Alargó en exceso para el contenido que le brindaban aquellas embestidas. Falló con el acero
Uceda, naturales aislados en una faena sin contenido ante el cuarto
Uceda saludó al cuarto, desarrollando un saludo dotado de expresión, gusto y torería, pasándolo a pies juntos. Brindó al público y se dispuso a comenzar su faena de muleta pasándolo por abajo, sacándolo de tablas y continuando por el izquierdo. Lo empezó pasando a media altura, pero poco a poco le fue bajando la mano y dando largura al trazo, por lo que desarrolló algunos naturalezas largos y profundos que llegaron con fuerza a los tendidos. Lo tuvo que ayudar para mantenerlo. También lo intentó mostrar por el derecho, sin terminar de acoplarse con un toro que pasaba por el engaño sin decir demasiado. Sin haber encontrado el compás ni el acople, decidió recuperar el toreo al natural para volver a pasarlo, en los terrenos del tercio. Decidió que la faena ya estaba hecha y lo mató.
Clemente, espeluznante percance ante el quinto
Clemente se fue con disposición a la puerta de chiqueros para recibir a portagayola al quinto, un toro que a punto estuvo de llevárselo por delante, obligándolo a levantarse. Brindó al público y después se fue a los terrenos del tendido siete para iniciar su faena por estatuarios. Después, lo movió y sacó del tercio, eligiendo el pitón izquierdo para continuar. Aquella tanda se desarrolló en el uno a uno, tratando de cuidar unas embestidas broncas y deslucidas que salían del muletazo soltando la cara. Cambió al derecho y encontró ritmo y movilidad, lo que le permitió ligar la serie y llegar a los tendidos. El animal se volvía rápido, por lo que le obligó a recomponer para ordenar y darle pulcritud a su labor. Se la dejó puesta abajo y en la cara, logrando arrastrar la embestida detrás del engaño. Se había vaciado en entrega ante una faena muy compleja, pero después de varios avisos, lo prendió feamente, siendo una de las cornadas más escalofriantes de las que se han vivido en la feria. Tuvo que ser trasladado a la enfermería y Uceda hacerse cargo del animal.
Aguado, sin opciones ante el sexto
Aguado comenzó su labor de muleta muy despacio, con suavidad, aprovechando la inercia del inicio para envolvérselo sobre el pitón derecho. Continuó en el tercio sobre el mismo pitón tocando con voz y firmeza para provocar su embestida y llevarlo en la tela. Sin embargo, no terminó de verse con aquel ejemplar de Juan Pedro Domecq al que pasó por ambos pitones sin lograr darle forma a su labor. Al natural lo trató de mostrar sin decir demasiado, mientras en los tendidos se impacientaban ante su labor.
Ficha del festejo:
Plaza de Toros de Las Venta. Vigesimosegunda corrida de toros y el vigesimoquinto festejo de la Feria de San Isidro. Toros de Juan Pedro Domecq y Montalvo (2º bis). Los toros se mostraron variados en comportamiento y entrega, sin decir demasiado en sus embestidas, aunque permitiendo los matices en las faenas. Uceda Leal, silencio y silencio; Clemente, silencio y ovación; Pablo Aguado, silencio y silencio.




















































