Tarde poderosa de Roca Rey y de despacioso arrebato de Aguado en La Maestranza (Video)

18 de abril de 2026/Pablo López Rioboo/Fotos:Procuna

Un encierro deDomingo Hernández se lidiaba, este viernes, para la séptima de abono en la Real Maestranza de Caballería de Sevilla, una corrida en la que hacían el paseíllo Alejandro Talavante, Andrés Roca Rey y Pablo Aguado. A la postre, fue una corrida con matices, nada fácil (con varios toros que acusaron mansedumbre), ante la que se impuso un Roca Rey muy poderoso ante su lote, cortando una oreja del quinto, y un Pablo Aguado que dejó geniales perlas capoteras en la primera parte de la corrida, un inspirado inicio de faena al tercero y tres series de arrebatado toreo -pero despacioso- al sexto, que lo volteó feamente. Alejandro Talavante, entregado ante el lote más deslucido de la corrida, dejó un buen toreo de capa ante el abreplaza, en una tarde donde sus faenas fueron a menos.

Silenciado Talavante con el soso y descastado abreplaza

Salió suelto y desentendido el primero de la tarde, un astado con cuajo pero con armonía en sus hechuras, al que, una vez sujetado, toreó con cadencia y templanza el pacense. Lances a la verónica en los que el de Domingo Hernández evidenció que no iba a estar sobrado de fortaleza, embistiendo a saltitos y sin llegar a emplearse por abajo. Pese a tener la condición de la prontitud, este no se empleó en el jaco, evidenciando cada vez más sosería y desentendimiento durante su lidia. Buscó Talavante quitarle algo las querencias al sacárselo más allá del tercio, pero el animal embestía a media altura y sin querer tomar los chismes con calidad. Porfió el extremeño ante un toro de sosa y descastada embestida, pero su labor nunca llegó a tomar vuelo. Por el izquierdo, pitón por el que colocó mejor la cara en el capote, tampoco quiso empeñarse, llegando este a desarmar a un Talavante que pareció contagiarse de la sosería de ‘Terrateniente’. Tras enterrar el acero, el animal acabó echándose en la misma puerta de chiqueros, siendo Alejandro finalmente silenciado.

Roca Rey sujeta la desigual, pero repetidora, embestida del manso segundo y saluda una ovación

De armónicas hechuras fue el segundo, un colorao bajito y con la cara colocada, que nunca embistió por derecho al capote de Roca Rey, frenándose y buscando la huida, lo que obligó a Andrés a lidiarlo y sujetarlo más que a soltar muñecas. Con clara querencia a los terrenos de sol, este incluso salió de najas cuando se situó la puya del picador que hacía la puerta. Toro que no se sintió cómodo en ninguna zona del ruedo, siendo picado nuevamente en los terrenos del 7. Pese a esa huidiza condición, el toro mantuvo cierta humillación y nobleza, esa que aprovechó Aguado para cincelar un quite a la verónica, rematado con una media de frente de las que daba Pepe Luis Vázquez. Acertó Andrés en dejarle la muleta siempre en la cara ante un astado que se tapó por su movilidad. No le dejó pensar, y ahí estuvo el lío. Repitió con celo, pero sin demasiada humillación y clase, este ‘Valiente’. Anduvo asentado y fresco de mente Andrés, sabiendo este que debía aprovechar las embestidas que le iba a regalar un astado que duró lo que mantuvo su movilidad. Al natural se quedó siempre más corto, sin darse coba, volviendo a la mano derecha, pero el toro ya había bajado la persiana. Enterró el acero al primer intento, siendo finalmente ovacionado desde el tercio.

Por encima Aguado del manso tercero

Le dio un susto mayúsculo este ‘Cafetero’ al equipo médico de la plaza al intentar saltar al callejón al llegar al burladero colocado entre los tendidos 7 y 9. Pese a ese golpe, el animal mantuvo su galope hasta llegar al capote de un Pablo Aguado que se durmió en un recibo a la verónica donde todo lo hizo con suma cadencia. Le cogió rápidamente la velocidad en lances en los que toreó con la cintura y las muñecas. Toreó dándole el pecho, asentó zapatillas, pero, salvo tres verónicas que sí jalearon los tendidos, anduvo algo frío —seguramente algo anestesiados por lo vivido ayer— con un recibo semejante. La media de cierre fue para cincelarla en bronce. Tras su paso por el jaco, entró en su turno de quites un Talavante que no acabó de llegar a los tendidos con sus lances a la verónica. Sí lo haría un Aguado que, por el palo de las chicuelinas, espabiló a los tendidos. Se enroscó el animal a la cintura, rematándolo con una media tras la cadera, tras tener que cambiarle el pitón. Se movió el animal en banderillas, exponiendo una barbaridad un Iván García, que saludó montera en mano tras un par en la misma cara. Tuvo cadencia su inicio de faena, sacándose al animal al tercio. Todo lo quiso hacer despacio, como en su primera tanda, pero al animal le costaba un mundo repetir por abajo. Anduvo perfecto en colocación, alturas y distancia, pero el toro no fue agradecido al buen trato, arrollando cuando iba a favor de querencia. Hasta los terrenos de chiqueros se fue el animal. Aguado nunca perdió la compostura; lo trató como si fuera bueno, consiguiendo robarle algún natural suelto de su personal concepto. No fue este ‘Cafetero’ igual que aquel de Jandilla que lo encumbró en Sevilla, pero se vio la misma disposición que aquel día. Porfió el sevillano: le ganó siempre un paso para que el toro se encontrara la muleta puesta en la cara, pero el de Domingo Hernández siempre acabó camino de tablas y no buscando la pañosa con celo. Metió la espada con habilidad tras un pinchazo previo, siendo finalmente silenciado.

Talavante porfia con el deslucido cuarto y es silenciado

Hondo, bajo, badanudo, serio por delante y acucharado de cuerna fue el cuarto, un animal que tampoco anduvo sobrado de fuerzas y que embistió de forma humillada, aunque con desigualdades, al capote del extremeño. Repitió este ‘Pintor’, pero siempre lo hizo haciendo hilo y rebrincándose. Mantuvo esa desigualdad en la pañosa de un Talavante que le buscó las vueltas sin conseguir pulir los defectos del segundo de su lote. Al natural embistió a dos velocidades y sin descolgar, no viéndolo claro el extremeño por ese pitón. Volvió a la mano derecha, pero tampoco por ahí rompió su labor. Al igual que en el primero de la tarde, pareció venirse abajo al ver que no había opciones de meter al toro en el canasto, algo que notaron rápidamente los tendidos. Anduvo inteligente al no alargar en exceso su faena de muleta. Tras dejar un pinchazo hondo, tuvo que echar mano del verduguillo, siendo finalmente silenciado.

Roca Rey pasea la oreja de un quinto con fondo pero con cierta aspereza

Más despegado del suelo fue el quinto, un astado agalgado y sin ese punto de remate que sí tuvieron sus hermanos. Un ejemplar al que Roca Rey empapó de capote en un saludo a la verónica marca de la casa, buscando siempre encelar al toro en los chismes. Le imprimió cadencia a los delantales Aguado en su turno de quite, agradeciendo este quinto la suavidad a media altura con la que lo trató el sevillano. Tras un comienzo a favor del toro, Andrés se puso a torear en redondo a un repetidor venido de tierras charras, con movilidad y franqueza, cualidades que aprovechó el limeño para llevarlo cosido a la muleta. Al natural embistió de forma más desordenada, teniendo que aguantarle una enormidad en el embroque y darle un toque fijador para que el animal recondujera su embestida. Se le vio en ocasiones al hilo del pitón, quedando más expuesto ante un toro con ciertas aristas por ese pitón. Volvió a la mano derecha con el animal bajando en su repetición. Acortó las distancias, presentó la muleta muy planchada y tiró de un astado agradecido en la distancia corta. Regresó a la zurda para darle los frentes a ‘Veronés’, el toro con mayor fondo del encierro de la casa ganadera salmantina. La última tanda llegó mucho a los tendidos, con un Roca Rey que atacó a un astado que mantuvo la movilidad y la repetición. Tras enterrar el acero al primer intento, hubo petición de oreja que fue atendida por el palco.

Aguado apuesta por el complejo y manso sexto, pero la tardanza en caer del animal deja todo en una vuelta al ruedo tras dos recados presidenciales.

Cerró la tarde ‘Embajador’, un toro negro, algo más montado, al que le costó descolgar en el recibo capotero de Aguado. Tras pasar por el jaco y no ponérselo fácil a los hombres de plata, llegó el turno de Aguado, espada que volvió a mostrar serenidad y seguridad.
Este ‘Embajador’ tuvo siempre mejor inicio que final del muletazo; de ahí que el sevillano acabara aliviando su embestida, llevándolo a su altura. Fue un sexto que daba coba en los primeros muletazos, pero que, a partir del tercero, tendía a venirse más por dentro. No le salieron limpios los muletazos a un espada que vio cómo su primera tarde en Sevilla se saldaba sin ese triunfo que venía a buscar. Al natural le dio siempre las ventajas al animal, pero este nunca quiso entregarse por abajo. Pese a las pocas opciones que ofreció, Aguado porfió hasta que, ya en las postrimerías de su labor, consiguió sacarle la serie más limpia y reunida de su actuación con este último del festejo. Se lo echó a los lomos cuando volvió a tomar la zurda: el toro se le paró a mitad del muletazo, quedando, afortunadamente este a su merced. La feísima voltereta le provocó un varetazo en la cara posterior, tercio medio del muslo derecho. Se levantó sin mirarse Aguado para dejar una tanda importante por su metraje y composición. Comprometido fue el de pecho de la siguiente tanda, en la que aguantó la incierta embestida de un astado que, una vez podido, se rajó. Su labor acabó en la misma puerta de chiqueros, con una serie de gran compromiso en la que dejó varios muletazos en redondo y un remate por bajo marca de la casa. Varios ayudados por alto pusieron el sello a un final de trasteo antes de volver a la zurda ante un astado que acortó el viaje. Sonó un aviso antes de montar la espada, dejando el sevillano una estocada en buen sitio. Hasta en dos ocasiones se levantó el animal tras el puntillazo del tercero. Un segundo aviso enfrió algo esa petición de oreja, que no acabó siendo mayoritaria para Gabriel Fernández Rey, presidente que ocupaba hoy el palco. Tras ser arrastrado por el tiro de mulillas el que cerraba plaza, el sevillano dio una vuelta al ruedo. Vuelta al ruedo tras dos avisos

FICHA DEL FESTEJO

Plaza de toros de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla. Séptima de abono. Corrida de toros. No hay billetes.

Toros de Domingo Hernández. Desigualmente presentados, nobles pero de desrazado y manso comportamiento. El quinto tuvo mayor movilidad y fondo pese a sus aristas.

y Sevilla vuelven a encontrarse. Una década después. Para seguir escribiendo la historia.
 

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