Una corrida de El Parralejo se lidiaba este Miércoles de Farolillos en La Maestranza en un festejo en el que hacían el paseíllo Diego Urdiales, Emilio de Justo y David de Miranda.
22 de abril de 2026/Pablo López Rioboo/Foto: Procuna
Silenciado Urdiales con el exigente primero
Le costó humillar al primero de la tarde, astado de El Parralejo, al que Diego Urdiales fue poco a poco ahormando en su capote. Le abrió los brazos hasta conseguir cincelar un manojo de verónicas, rematadas con una media muy cadenciosa tras la cadera. Entró en su turno de quite un Emilio de Justo que tuvo que abreviar tras ser arrollado por un animal que todo lo hizo a su altura. Demasiados capotazos hubo en una lidia con excesivas precauciones, la que vino tras un castigo excesivo en varas. No anduvo cómodo Diego delante de este abreplaza, un toro que tendió a acostarse, costándole un mundo tomar la embestida con clase a derechas. Cierto es que tuvo transmisión, pero cuando iba dentro de los engaños nunca empujó de verdad. Por el lado izquierdo sí tuvo mayor viaje y humillación, pero había que apostar de verdad y apretarse con él. Dejó algún natural de su personal corte, pero estos siempre fueron en línea recta y carentes de ajuste. Como ya señalamos, no anduvo cómodo en ningún momento con un astado exigente, tanto en sus formas como en su fondo, un animal con el que había que cruzar la raya y hacer el esfuerzo. Metió la mano con facilidad, pero la estocada hizo guardia. Se atascó con el descabello; sonó un aviso, siendo finalmente silenciado, tras ser ovacionado en el arrastre, este ‘Chismoso’.
Ovacionado Emilio de Justo con el interesante segundo, al que deja naturales de seda pura
Más amplio de cuna fue el segundo de la tarde, astado que embistió sin emplearse al capote del de Torrejoncillo. También empujó este segundo en el jaco, colocando los dos pitones con clase en ambas entradas. Arrebujadas fueron las chicuelinas de De Justo, destacando una tercera con las manos muy bajas, trayéndose siempre al toro toreado. Hierático fue el quite de Miranda, quien se dejó llegar una enormidad al toro en un quite al capote a la espalda. Ovacionado se iría Barroso camino del patio de cuadrillas, dejando también Antonio Chacón dos grandes pares de banderillas —el último en la misma cara—, saludando montera en mano. Toro con chispa este ‘Tonelero’, un animal al que no se podía acompañar, sino someter. Y eso es lo que hizo, a partir de la segunda tanda, el cacereño. Toro que ya le enseñó a De Justo hasta dónde era capaz de llegar si se podía con él; de lo contrario, podía hacer pasar un mal rato. Tuvo profundidad un astado que todo quiso hacerlo por abajo. Le apretó Emilio en muletazos con la cintura partida, donde le cogió rápidamente la velocidad. Al natural, el toro tuvo menor entrega, quedándose más corto y acortando su viaje. Tras una tanda en redondo en la que bajó un punto su trasteo, cogió nuevamente la mano izquierda para dejar muletazos de frente. De uno en uno, el toro tenía mayor viaje; si quería ligar, le costaba más. Le echó los vuelos, se asentó en los riñones para cincelar varios naturales que fueron seda pura. Sevilla crujió con la verdad de un toreo que dejó pasajes de interés, pese a no acabar de redondear una obra con dientes de sierra. Tras enterrar el acero, saludó una ovación desde el tercio ante un ‘Tonelero’ que escuchó palmas en el arrastre.
David de Miranda cuaja a un extraordinario ‘Secretario’ —premiado con la vuelta al ruedo— y le pasea las dos orejas
Por delantales recibió David de Miranda al tercero, ejemplar al que le costó humillar y desplazarse. Bravo fue este también en el caballo, empujando con celo en un primer puyazo que estuvo a un tris de descabalgar a Paco Félix. Mantuvo su entrega en un segundo puyazo, donde también empujó con franqueza. Anduvo muy inteligente en su inicio de faena, abriéndole los caminos al toro, dejando este varios doblones que calaron en el tendido, rematando esta serie inicial con un monumental pase de pecho. La tomó con gran ritmo el astado, cogiéndole el ritmo un espada que sabía el animal que tenía delante. Ligó los muletazos en redondo sin solución de continuidad ante un toro que siempre pidió sitio; de lo contrario, tendía a frenarse. Vimos una versión más refinada del onubense, espada que al natural enganchó la embestida del toro para soltarlas muy atrás. Un ejemplar de gran bravura, ritmo y humillación, sin duda alguna, uno de los animales de la feria. En cada pitón llevaba las llaves de la gloria, esa que tocaba con los dedos un espada que no hizo nada de cara a la galería. No hubo, como es habitual en él, toreo de cercanías, manoletinas o bernardinas, sino que cerró su labor con una tanda al natural de gran despaciosidad. Le dio los frentes a un ‘Secretario’, merecedor del pañuelo azul, un toro al que entendió de principio a fin en una labor de enjundia. Murió en el centro del ruedo, como lo hacen los toros bravos. David aplaudía mientras el animal se tragaba la muerte. Cayó este y la presidencia sacó los dos pañuelos blancos y el azul, que otorgaba la vuelta al ruedo a este grandioso astado venido desde tierras onubenses de Aracena.
Urdiales deja muletazos de calidad ante un cuarto de franca y entregada embestida
Toro este también de seria embestida, ese por el que quiso apostar Diego, brindando su labor al respetable. Acometió con fijeza a la pañosa del riojano, espada que acertó a dejársela en la cara y a tirar de un astado con boyantía en sus embestidas. Ejemplar al que había que traer toreado para que se entregara de verdad. Dejó muletazos de su personal corte, pero se le vio algo encorsetado, costándole soltarse delante de un astado que fue todo franqueza. Por ambos pitones humilló este ‘Azabache’, otro de los toros buenos de la corrida traída por la familia Moya. Tuvieron mejor inicio que final sus muletazos, alternando muletazos de abajo hacia arriba con otros en los que sí le apretó más por abajo. Sin ser una labor rotunda, esta ganó en intensidad de mitad de faena en adelante. Dejó chispazos de su concepto, algunos de ellos muy buenos, pero a la faena le faltó poso y mayor estructura, algo que le restó rotundidad. Muy pinturero fue su final por bajo antes de irse a por la espada. Hizo muy bien la suerte, enterrando el acero al primer intento, lo que le valió saludar una ovación desde el tercio tras una petición que no fue mayoritaria.
De Justo pecha con el noble pero vacío quinto y es silenciado
Anhelomio’ llevaba por nombre el quinto, un castaño de El Parralejo que tampoco se deslizó de salida en el saludo a la verónica de Emilio de Justo. Un ejemplar que, sin tener una espectacular pelea en varas, empujó siempre con los dos pitones —sin hacer sonar el estribo—, mostrando una enorme franqueza al caballo que montaba Juan Bernal. Tras brindar en el centro del ruedo, se fue hasta los terrenos del 5 un De Justo que vio cómo el animal se iba apagando como una velita, agarrándose al piso. Un ejemplar con fijeza y prontitud, pero que nunca quiso empujar hacia adelante. Porfió Emilio en una labor de escaso eco en los tendidos ante el garbanzo negro de lo que llevábamos de tarde. Un toro sin maldad, pero que todo lo hizo a media altura y perdiendo el celo conforme avanzaba la serie. Metió la mano con habilidad, dejando una estocada caída en su colocación, siendo el cacereño silenciado.
David de Miranda pasea la oreja del sexto y sale por segunda vez por la Puerta del Príncipe
De pelo burraco fue el sexto, un astado al que volvió a lancear por delantales el triguereño, quien se dolió tras cortar este su viaje y golpearlo en la zona del muslo. Con franqueza acometió al jaco, encelándose con este. Corrida de gran bravura en el tercio de varas, la más importante de lo que llevábamos de abono. No perdió atención David en la lidia de este cierraplaza; la clave estaba en saber si dudaría lo suficiente para cortarle la oreja y salir en volandas. Seis estatuarios, un pase del desdén y otro de pecho para sacarse al toro al tercio. Le dio distancia al pronto astado de la familia Moya. Otro astado pronto y fijo, ejemplar que tuvo nobleza y calidad en las telas. Animal que pedía perderle siempre un pasito, ese con el que nunca se sintió cómodo en la corta distancia. Toro con buen embroque, un astado que, pese a tener buena clase, tuvo un punto menor de transmisión por ese pitón. Volvió a la mano derecha para dejar una tanda en redondo en la que no dejó pensar al animal. Se la dejó siempre en la cara, cerrando dicha tanda con un pase de pecho algo más embarullado. Quería sentirse toreando; de ahí que tomara nuevamente la zurda para cincelar naturales de su personal corte. Cierto es que no alcanzó el nivel del tercero, pero sí tuvo el poso y la estructura suficientes para salir por la Puerta del Príncipe si conseguía meter la espada. Subió nuevamente el diapasón de su trasteo con un final por manoletinas de enorme compromiso. Cayó algo baja, pero no fue óbice para pasear la oreja que le sacaba a hombros.
FICHA DEL FESTEJO
Plaza de toros de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla. Duodécima de abono. Corrida de toros. Lleno de No hay billetes.
Toros de El Parralejo, de vuelta al ruedo el extraordinario tercero.
Diego Urdiales, de obispo y oro: silencio tras aviso y ovación tras aviso.
Emilio de Justo, de tabaco y oro: ovación y silencio.
David de Miranda, de marino y oro: dos orejas y oreja.
CUADRILLAS: Fue ovacionado Antonio Chacón tras dos grandes pares de banderillas al segundo.
En el tercero, recibió un varetazo Fernando Pereira al sacar al toro del caballo, pero salió a la lidia del sexto toro.