Morante resucita el embrujo de Paula en Jerez, a hombros con Manzanares para cerrar la Feria del Caballo

16 de mayo de 2026/Suertematador.com

Se cerraba la Feria del Caballo 2026 con una corrida de toros en la que trenzaban el paseíllo José Antonio Morante de la Puebla, José María Manzanares y Juan Ortega. Una terna de espadas que esperaba la salida por la puerta de chiqueros de los astados de Álvaro Núñez. El primer éxito llegó con el “No hay billetes”, y después con una corrida de armónicas hechuras, con varios toros dotados de ese fondo de clase necesario para ver faenas que quedan grabadas en la retina del aficionado.

Morante deja un primoroso recital por verónicas y delantales ante un primero que nunca empujó por abajo

Volvía Morante de la Puebla a Jerez 24 horas después de se vuelta a los ruedos en esta plaza, y lo hizo metiéndose al público en el bolsillo ya desde el saludo capotero. Tras fijarlo en el percal, dejaría el cigarrero un ramillete de verónicas al ralentí. Dejó volar el capote en lances de seda pura, rematados con una media tras la cadera. Volvió a sorprender llevando al animal al jaco, dibujando tres delantales y una media tras la cadera en su turno de quite. Venía dispuesto el diestro de La Puebla del Río, algo que también quedó patente en un inicio de faena toreando a favor de un astado medido de fortaleza y al que le costó empujar hasta el final. Porfió el sevillano en tandas cortas, donde siempre buscó pulsear a un astado que, a zurdas, tendió a acortar su viaje y soltar la cara. Pese a ello, Morante lo trató como si fuera bueno, dándole siempre las ventajas al toro. En redondo sí dibujó muletazos de su personal concepto, siempre sobre los talones y toreando con las muñecas y la cintura. Pese a la condición del animal, dibujó por ambos pitones muletazos marcados por la cadencia y el juego de alturas y distancias. Al entrar a matar, al primer intento el toro, tras sentir la espada, hizo por él y le golpeó en el pecho. Afortunadamente, no pasó a mayores y, tras un pinchazo y una estocada entera, el público le tributó una sentida ovación que saludó desde el tercio.

Manzanares pasea una oreja del enclasado segundo pese a la fuerte petición del segundo trofeo

Un zapato fue el colorao que hizo segundo, animal que también salió sueltecito cuando José María Manzanares quiso soltar muñecas. Una vez fijado el animal, acompañó el alicantino las nobles embestidas del astado gaditano, ese que siempre tendió a querer desentenderse. Tras pasar por el jaco, saludó montera en mano Diego Vicente tras un gran par de banderillas. Sabía Manzanares que tenía delante un animal de gran clase y ritmo, pero no sobrado de fortaleza; de ahí que no buscara apretarle desde el inicio. Acompañó Josemari la embestida de este “Ropalimpia” en dos series iniciales de gran cadencia. Poco a poco fue buscando apretar por abajo a un astado que se sintió cómodo en la exigencia. Al natural le costó algo más cogerle el ritmo a un toro que, cuanto más despacio lo toreabas, mayor entrega sacaba. Vimos una versión reposada de un espada que sabía que había que dosificar a un animal no sobrado de fuerza. Cierto es que le faltó romperse más con él, pero la estética de sus muletazos llegó rápidamente a los tendidos. Fue este un toro para acariciar su embestida, un astado de suma clase, prontitud y ritmo, al que le acabaría cortando una oreja tras una fuerte petición de la segunda.

Faena de más a menos de Ortega con el noble pero desigual tercero

Le costó fijarse en el capote de Juan Ortega el tercero, animal que bajó un puntito su presentación. Un toro al que el sevillano dejó un saludo capotero con mayor intención que lucimiento. Picó por dentro en el saludo a la verónica, siendo el izquierdo el pitón por el que el sevillano pudo dejar mejores pasajes. Quiso el de Álvaro Núñez irse al caballo de la puerta al sacárselo Ortega a los medios, espada que, una vez consiguió fijarlo, dibujó varias chicuelinas de su personal concepto, rematadas con una media al ralentí tras la cadera. Primoroso fue el inicio por ayudados por alto de Ortega previo a su primera tanda en redondo, esa donde el animal embistió con franqueza, pero a media altura. Por el lado izquierdo tuvo la virtud de la humillación y un fondo de clase que había que encontrárselo a base de buena colocación, juego de alturas y cogerle la velocidad. Se la dejó muerta para tirar del animal. Buscó torearlo despacio, consiguiendo que el animal llegara incluso a gatear. Pero, pese a haber muletazos muy buenos, la faena no acabó de romper como se preveía en su inicio. Volvió a la mano derecha para conseguir también algún muletazo suelto de su personal corte antes de irse a por la espada. Tras varios intentos frustrados al descolocarse el animal, pincharía su labor, siendo finalmente ovacionado.

Morante se rompe con el mansito, pero superclase cuarto, y le pasea el doble trofeo

Bajo, armónico y engatillado de cuerna fue el cuarto, un castaño de Álvaro Núñez al que le costó también ser fijado en los capotes. Dejó el sevillano varios lances a una mano, pero el animal salía suelto y desentendido. Manseó en el caballo y quiso irse hacia los terrenos de sol en banderillas, algo que mosqueó a los tendidos. Muy hondos fueron los ayudados por bajo, acompañados estos de otra serie de muletazos que embellecieron su inicio. “Cambembo” embistió con clase, ritmo y profundidad en las telas, pero su condición de mansito le hacía desentenderse cuando se le abría algo el muletazo. Embarcó Morante de la Puebla al astado en la muleta en derechazos de una hondura y una cadencia enormes. Se la dejó siempre muerta para tirar de un toro con un gran embroque. Pese a esa gran condición en las telas, había que esperarlo un mundo a que tomara la muleta. Al natural, el toro mantuvo esa condición, empujando con ritmo tras las telas. Nunca se alivió el de La Puebla del Río, enroscándose al animal siempre tras la cadera. Dibujó una serie inmensa por ambos pitones, trayéndose enganchada la embestida de este astado de Álvaro Núñez. Siempre asentado en los riñones y buscando traérselo toreado. Jerez se rompió con la entrega de un torero que apostó por un toro manso en su condición, pero de gran calidad cuando se le traía enganchado con los vuelos. Aderezó su importante labor con molinetes, alguna trincherilla de cartel y varios pases de pecho a la hombrera contraria. Se le vio contento a un espada que sabía que, de tocar las teclas correctas, el toro iba a romper en los chismes. Y así fue. Pese a dejar un pinchazo previo a la estocada, paseó con una sonrisa de oreja a oreja los dos premios concedidos por el usía.

Manzanares, otra oreja del quinto

Tras el susto vivido en la segunda tanda, donde el toro se vino directamente al pecho, el alicantino fue poco a poco intentando corregir los defectos de un astado que tuvo prontitud y movilidad, pero al que le costó emplearse. Le buscó las vueltas un porfiador José María Manzanares en una labor con cimas y simas, pero en la que la predisposición y el empaque fueron sus armas para mantener a la gente dentro de la faena. Tras un pinchazo y una estocada casi entera, paseó la oreja que le daba acceso a la salida en hombros.

Ortega deja muletazos de su personal corte a un sexto al que le pasea la oreja

Deleitó Juan Ortega a los presentes esta tarde en Jerez con un saludo a la verónica de gran cadencia y asentamiento ante un animal que la tomó con cierto ritmo. Un saludo capotero con varios lances al ralentí que cerró con unas tafalleras de su personal corte. Volvió a gustarse de capa en el tercio de varas, volviendo a colocarse frente al de Álvaro Núñez para dibujar nuevamente varias tafalleras de gran hondura. Asentó las zapatillas en el albero para dejar un ramillete de lances con el mentón en el pecho y las muñecas rotas. Tuvieron sabor, pero también mando, los doblones con los que inició una serie que finalizó con varios derechazos que llegaron a los tendidos. Un toro este que se movió con carbón en las telas del sevillano. Pero sería al natural donde su labor volvería a tomar cuerpo tras una serie en redondo a media altura. Se la dejó muerta al toro y tiró de este con asentamiento y suma cadencia. Acarició la embestida de un toro que embistió con gran ritmo. Toreó dentro y fuera de la cara de un astado con virtudes, las cuales había que sacarle a base de buena colocación y suavidad en los toques. Conforme avanzó su labor, el animal empezó a perder fuelle y a quedarse cortito, de ahí que el sevillano lo aliviara con tandas más cortas. Volvería a subir el diapasón de la misma con otra a derechas antes de pasaportar al toro de pinchazo y estocada. Para él hubo petición y concesión de una oreja por parte del palco.

FICHA DEL FESTEJO

Plaza de toros de Jerez de la Frontera (Cádiz). Corrida de Toros.  Segunda de la Feria del Caballo 2026. No hay billetes.

Toros de Álvaro Núñez. Correctos de presentación y buen juego en líneas generales.

Morante de la Puebla, de tabaco y oro: ovación y dos orejas.

José María Manzanares, de azul pavo y oro viejo: oreja y oreja.

Juan Ortega, de purísima y oro: ovación y oreja.

INCIDENCIAS: Se guardó un minuto de silencio por el 126 aniversario de la muerte de Joselito El Gallo en Talavera de la Reina. Saludó Diego Vicente en el segundo de la tarde.

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